«Mariana, tú, ¿con qué sueñas?». Hay un momento en la película Las locas del Obelisco que lo cambia todo. Es intensísimo. La protagonista se enfrenta a su verdad. No sabe qué responder, pero el espectador lo intuye porque Mariana Allsopp ha visto una realidad y no quiere mirar para otro lado. Y eso le causa una «tormenta» interior que la inquieta.
La película cuenta la vida de esta mujer y del sacerdote Francisco de Asís Méndez, que a finales del siglo XIX en Madrid «se dejaron interpelar por la realidad y quisieron dar respuesta», fundando la congregación de las Hermanas Trinitarias para rescatar a las mujeres de las calles.
Hablamos con la superiora general, Belén Berjillo, en la Casa Madre de la congregación, sita en Marqués de Urquijo, 18 (imagen inferior, entrada). «Muchas jóvenes de los pueblos venían a Madrid buscando trabajo; llegaban a las estaciones de tren perdidas y allí eran abordadas por personas del mundo de la prostitución».
Así, lo que hacía era que «igual que está presente el mal, también tiene que estar presente otra opción, una puerta abierta a su promoción». Hasta 2017, las trinitarias seguían teniendo en Chamartín una Oficina de Atención a la Joven, resituada ahora en una de sus comunidades como Centro de Orientación a la Joven.

La burguesa que bajó al ruedo
Mariana Allsopp era una muchacha de buena familia que frecuentaba las escuelas dominicales, en las que se daba catequesis y formación a jovencitas que servían en las casas. El padre Méndez era párroco de la iglesia de la Encarnación, muy cerca del Palacio Real y del Cuartel de la Montaña. «Había mucha prostitución, y las chicas se iban a confesar con él; se daba cuenta de que eran víctimas, y se conmovía».
Los caminos de Mariana y el padre Méndez se cruzaron en ese Madrid. Él, con un deseo de hacía años de rehabilitar a estas mujeres; ella, con una inquietud religiosa creciente, con la idea de entrega que se concreta en unas mujeres cuya realidad la golpea. Fue valiente para romper con su vida burguesa y «bajar al ruedo» porque Alguien se lo pedía.
Mariana habló con el padre Méndez de su «tormenta» interior y él, a pesar de que intuía que su sueño de atender a esas mujeres se podía realizar con su ayuda, la invitó a abrirse del todo a Dios y a conocer otras congregaciones ya existentes, también dedicadas a la atención a mujeres vulnerables: adoratrices, religiosas de María Inmaculada…

Pero Dios había sembrado en el corazón de Mariana otra sensibilidad. Esa actitud del padre Méndez, que dio máxima libertad a Mariana, «nos ha ayudado mucho en nuestro acompañamiento vocacional; acompañamos para la Iglesia», sostiene la superiora. Y esa libertad con al que ella se presentó ante su llamada «hizo que se cumpliera el sueño de Dios»: una congregación de acogida, donde las puertas siempre estuvieran abiertas para las mujeres que lo necesitaban, de día o de noche.
Primero fue en una casa alquilada en el Paseo del Obelisco (imagen inferior), actual General Martínez Campos, donde estuvieron cerca de dos años (en lo que ahora es el Instituto Libre de Enseñanza), después, unos meses de transición en Ferraz (más o menos enfrente de la actual sede del PSOE), y finalmente, la casa actual de Marqués de Urquijo —rehabilitada por Regiones Devastadas tras la guerra civil—, comprada por 50.000 duros.

Dos personas de Dios
«Mariana y el padre Méndez fueron dos personas de Dios, muy espirituales, tremendamente amantes de la Eucaristía, muy sensibles; más en el caso de Madre Mariana, que estaba en los detalles». Ella decía que había que «hacer de las cosas ordinarias, cosas extraordinarias».
Las que la conocieron dicen que cuando hablaban con ella, no salían igual; y que el padre Méndez era eso, un «padre entrañable». Eso sí, firme también cuando lo tenía que ser. «Soy duro —escribe en una de sus cartas— porque quiero que viváis con radicalidad y seriedad la opción que habéis elegido». Y esto «me lo digo a mí mismo».
«Él decía —añade Belén— que las trinitarias teníamos que ser como los terroncitos de azúcar, duros, pero dulces». Las religiosas siguen llevando en su ADN sus recomendaciones: poner límites desde el cariño, nunca corregir por la noche, sino esperar al día siguiente…

Talleres iniciales
Esos talleres iniciales que Madre Mariana fundó para las chicas que rescataba de la prostitución derivaron en escuelas de Formación Profesional y a día de hoy, en colegios integrados en la Fundación Educativa Santísima Trinidad. Las primeras casas de acogida se convirtieron en residencias para mujeres que venían a trabajar, y luego a estudiar. La vulnerabilidad hoy son las chicas jóvenes tuteladas por la Comunidad de Madrid, las familias migrantes…
Las heridas estaban, en la época de los fundadores y ahora. «Son mujeres muy rotas». Hay agresividad, rebeldía contra su propia historia, desconfianza. «¿Por qué haces esto? Si las personas que me tenían que haber querido no lo han hecho, ¿cómo puedo creer en vosotras?».
Hay una chica con la que Belén sigue teniendo trato. Ahora está casada, tuvo un hijo —ahijado de la superiora—, pero fue uno de los casos más difíciles. «Estos a la larga son los más agradecidos». «Si una adolescencia normal es muy difícil, imagínate una adolescencia sin estructura familiar, con mochilas de abusos, emocionales…».

Pobreza
El padre Méndez fue canónigo del primer cabildo de la entonces catedral de Madrid, que era la actual colegiata de San isidro. Pero el corazón lo tenía en los pobres. En 1915 fundó una casa hogar para sus «golfillos», los niños de la calle. «Tenía un sentido muy profundo de la pobreza como entrega a los demás».
Hoy, las trinitarias acogen también otras pobrezas. «Hay mucha soledad en nuestras chicas universitarias». Familias rotas, o con alto poder adquisitivo, pero con padres ausentes siempre trabajando… Como le dijo una vez una residente a Belén, «somos pobres con maletas».
Y tras su último capítulo general, en 2023, las trinitarias quieren «recuperar esa misión en salida» que es fundamento de su carisma. Igual que esas primeras «locas del obelisco», que salían a las calles por las noches o a las estaciones de tren para adelantarse a los perversos.

Presencia de las Trinitarias en Madrid
En Marqués de Urquijo está la Curia General, la comunidad de hermanas mayores, una casa de acogida de mujeres jóvenes vulnerables, una residencia social, una pequeña hospedería para encuentros de profesores de las fundaciones...
Aquí está también el noviciado, que en la actualidad está cerrado. La realidad es la que es, «pero Dios sigue llamando; nuestra responsabilidad es preparar el terreno para que los jóvenes escuchen, que dejen el móvil a un lado y hagan silencio». No solo para las llamadas a la vida religiosa; también «la llamada a la vida matrimonial con sentido».(en la imagen inferior, Belén junto a Anne, trinitaria de Kenia).

En Altamirano tienen una residencia universitaria de 90 plazas y una casa de acogida para mujeres jóvenes víctimas de violencia. Hay sabor a hogar. Huele a comida, potaje, es viernes de Cuaresma, y hay cariño de madre de las religiosas y las residentes.
Muchas han visto la película de Madre Mariana y se han reconocido en esas primeras. Una le pidió a una trinitaria, tras volver del cine: «Quiero ir a ver los fundadores —sepultados en la capilla de la Casa Madre— para darles las gracias por haber fundado esta congregación que tanto bien me ha hecho».

En Porta Coeli (García de Paredes), donde el padre Méndez empezó con sus «golfillos», hay otra residencia universitaria de cerca de 70 plazas, un centro social (lo que se derivó de Chamartín) y una casa de acogida de mujeres vulnerables). El año del centenario hubo presencia de algunos de esos «golfillos» rescatados por el padre Méndez.
Y en Arturo Soria hay también una casa de acogida y una residencia universitaria de 20 plazas. «En todos los proyectos hay comunidad religiosa».
Hoy, las trinitarias siguen haciendo realidad eso que decían los fundadores: «No importa lo que han sido, sino lo que pueden llegar a ser» (Madre Mariana), y «cada joven que recibís os trae a Cristo; y Cristo no abandona a los suyos» (padre Méndez).

