«Yo llevo dos añitos de cura y lo que percibí en CONVIVIUM es que hay mucho trabajo que hacer, la mies es mucha y los obreros pocos, lo que a veces nos lleva a desgastarnos. Por eso ha sido una experiencia muy bonita para toda la diócesis reunirnos con los jóvenes, que son el presente de la Iglesia, y escuchar que Jesús nos necesita», nos cuenta Alonso Salcedo, vicario parroquial en el Buen Suceso y quien compartió su testimonio en Madrid Live Meeting, una celebración el pasado sábado en la catedral de la Almudena junto a la Delegación de Jóvenes que dio el pistoletazo de salida al curso pastoral y puso los cimientos para la Asamblea de Jóvenes de la archidiócesis que se celebrará del próximo 26 al 28 febrero.
Antes de la Eucaristía, este sacerdote compartió su historia junto a otros testimonios como los de la rapera Aisha Ruah, Cata y Nacho de Hakuna y María, feligresa de San Benito Menni. Todos ellos intercalados por canciones.

Presidida por el cardenal Cobo, la Misa en la catedral —originalmente planeada en la Plaza de la Armería pero desplazada al templo por la amenaza de mal tiempo— reunió a jóvenes de parroquias y todo tipo de realidades eclesiales. También a delegados de Juventud de diócesis diferentes a la madrileña, pues se encontraban «circunstancialmente» en la capital para celebrar aquí el Encuentro de Delegados y Responsables de Pastoral con Jóvenes. «Después de tres días de trabajo intenso, para nosotros fue un descanso precioso», agradece Francisco José Ramírez, director de la Subcomisión Episcopal para la Juventud e Infancia de la Conferencia Episcopal. En entrevista con Alfa y Omega, revela cómo su participación se fraguó de modo orgánico al recibir la invitación de la delegada madrileña, Laura Moreno, y un grupo importante de responsables de jóvenes acudieron a la cita. Y, entre otros, también el obispo auxiliar de Barcelona, David Abadías.
«Estamos al servicio y eso es lo importante», recalca Ramírez, quien cuenta cómo «sentarnos, disfrutar de los jóvenes, participar de sus vidas, escuchar sus testimonios y participar como Iglesia escuchando al cardenal Cobo ha sido maravilloso». Nos confía incluso que «me emocionó» su homilía, en la que destacó que «somos parte de la viña y participamos de roturar la tierra y la abonamos para sacar buen fruto». El fruto, desgrana el director de la Subcomisión Episcopal, es ayudar a «que los jóvenes se encuentren con Cristo».
Una Iglesia mucho más grande
En su homilía, el arzobispo de Madrid revivió la visita de León XIV y recordó que «pertenecemos a una Iglesia mucho más grande que cada uno de nuestros grupos y nuestras formas de vivir la fe». Por tanto, recordó que estos grandes eventos «no pueden convertirse en momentos aislados, sino que tienen que ayudarnos a avanzar en la vida cristiana, a crear vínculos entre nosotros y a crecer en el testimonio y en el compromiso». «El Papa no solo vino a reunir a muchos jóvenes, vino a confirmarnos en la fe y a recordarnos que Jesús nos confía su viña y nos envía al mundo», explicó el cardenal Cobo, quien advirtió sobre «la tentación de usar la Iglesia o nuestros grupos para nosotros y olvidar qué es lo que Dios quiere de nuestra Iglesia y de nuestros grupos». El remedio, recetó, es «apoyarnos en la misma piedra angular que es Jesús».
Del mismo modo, el cardenal Cobo llamó a aterrizar en lo concreto las palabras del Papa, quien señaló en su visita a Madrid que «Cristo es nuestra estrella polar». Esta máxima implica «recuperar una dirección en medio de tantas voces, posibilidades y mensajes que compiten por nuestra atención» y salir al rescate de «una ciudad llena de posibilidades, pero también de heridas». Hizo una mención explícita a que «muchos jóvenes estudian, trabajan y se esfuerzan y aun así, ven cómo acceder a una vivienda resulta cada vez más difícil» o que «construir un proyecto propio termina aplazándose muchos años y eso afecta la manera de mirar y construir el futuro».
También renovó la llamada del Papa a «eliminar las desigualdades y reconciliar a las comunidades polarizadas». E invitó a conectar toda la realidad externa que ven los jóvenes con sus convicciones porque, ante la frustración o no lograr resolver todas las injusticias, existe el riesgo de «dejar de pensar que no tienen nada que ver con nuestra fe».

La delegación engloba a todos
Lola Astarloa ha sido voluntaria del Madrid Live Meeting y cuenta desde dentro que su principal objetivo ha consistido en «vivir en alegría y comunión la identidad de la Iglesia, viéndola como una comunidad de discípulos». Para llevar adelante el encuentro ha tenido que compaginar responsabilidades laborales con educativas y su participación en otras realidades eclesiales que son perfectamente compatibles con la Delegación de Jóvenes que aglutina a toda la archidiócesis.
«Llevo haciendo esto desde que la conocí y estar en mi grupo de vida y formar parte la delegación me hace crecer más en la fe». En su caso, «vivo el carisma misionero en Jatari», una herramienta pastoral que busca salir al sur global, pero también recordar que «somos misioneros por el hecho de estar bautizados». Astarloa prevé que, en todos los lugares de los que participe, una prioridad este curso será masticar la visita del Papa, porque «León XIV ha estado con nosotros, eso ha sido muy grande y nos convoca con ese plus de comunión». Agradece que «el Santo Padre nos ha regalado su tiempo y su caridad para pasar a las cosas importantes». La principal, a su juicio, es «participar todos del banquete y sentir esa unión».
Por último, el sacerdote Alonso Salcedo valora que «reunir a los jóvenes en torno a la catedral con su obispo es una cosa muy positiva que hay que seguir impulsando».
