El 21 de abril de 2025, a las 7:35 horas, moría el papa Francisco en su residencia de Santa Marta. Por el calendario, era Lunes de Pascua. Un año después, en Roma se preparan para celebrar una Misa en su memoria, en la basílica de Santa María la Mayor, donde está enterrado, y en Madrid, los obispos reunidos en Plenaria recordaron a un papa «amado», ejemplo de «pastor universal de la Iglesia».
El recién nombrado delegado episcopal de Cultura de la diócesis de Madrid, hasta ahora delegado episcopal de Catequesis, Manuel María Bru, hace memoria de Francisco en este primer aniversario de su muerte. Con un libro publicado hace apenas unas semanas, titulado El legado del papa Francisco. Quince propuestas para reformar la Iglesia y cambiar el mundo, Bru se retrotrae al día de la muerte del Santo Padre. «Por la mañana me empezaron a llegar muchos mensajes de whatsapp», recuerda.
En el corazón se le instalaron dos sensaciones. Por un lado, «tristeza, porque aunque estaba ya mal, no me esperaba que se fuese a ir tan pronto». Esta tristeza la une a un aspecto muy importante para él a nivel personal: cuando anunciaron a Jorge Mario Bergoglio como Sucesor de Pedro ya lo conocía, «me había interesado mucho por él» por todo lo que había escrito a los periodistas, puesto que Bru es también periodista. Y pensó tras la fumata blanca que «es la figura, es el Magisterio, el estilo de lo que necesita la Iglesia hoy, y lo que necesito yo».
Y también una tristeza porque «tuve la oportunidad de estar tres veces con él, hablar tres veces con él y reírme tres veces con él; era un papa que me tocaba personalmente».
Pero a la vez, la noticia de la muerte del papa Francisco le produjo un «sentimiento de alivio», porque ya estaba sufriendo. «Es como si hubiera dicho “ya he dado todo lo que tenía que dar”».

Encuentros con el papa
El primero de esos encuentros con Francisco del que habla el delegado fue en 2014, cuando él, junto al resto de compañeros de su curso, cumplían los diez años de su ordenación. Pudieron concelebrar con el papa en Santa Marta, de cuatro en cuatro durante tres días consecutivos, y después mantener un encuentro con él.
«No sé cómo lo hacía, pero era innato, inmediato, que cuando estabas con él te olvidabas que estabas con el papa; tenía naturalidad, sentido del humor, era campechano, poseía esa facilidad en el trato para crear enseguida complicidad contigo».
En ese rato con él después de la Misa, aunque estaban todos juntos, Francisco se interesó personalmente por cada uno. Manuel Bru le dijo que habían estado trabajando durante un año su texto Comunicador, quién es tu prójimo, y el papa, bromeando, le contestó: «Eso no da para trabajar un año, qué exagerados que sois los españoles».
Las otras dos ocasiones que tuvo Bru de saludar al papa fueron por el estilo. «Me lo he pasado bien con él».

15 puntos de magisterio papal
El libro de Manuel Bru expone 15 conceptos que expresan otras tantas propuestas del legado del papa Francisco. Junto a ellos, 15 propuestas para reflexionar: las cinco primeras, sobre el paso de Dios por la vida de cada uno; la cinco segundas, para reconocerse llamado a la santidad de la puerta de al lado, a ser discípulos misioneros de Cristo; y las cinco últimas, a soñar y construir puentes de encuentro.
«Para mí, y para toda la Iglesia —excepto para los que desde el primer momento han tenido prejuicios—, ese magisterio suyo ya forma parte del acervo, por lo menor personal. Mi mirada de todo eso está tamizada por el papa Francisco».
Y aunque no lo dice en el libro ni en entrevistas a raíz de su publicación, «yo creo que el gran legado del papa Francisco es el papa León XIV». «Prevost era obispo misionero en la otra parte del mundo, donde no están los focos de la sociedad, ni de la Iglesia», y Francisco lo sacó de allí y lo llevó a Roma, como prefecto del Dicasterio para los Obispos.
Siendo León XIV «diametralmente» distinto a Francisco «en su manera de ser, de pensar, teológicamente hablando —uno jesuita, otro agustino—, más tímido, más reservado, sin embargo está desarrollando todo lo que Francisco empezó». De hecho, refiere las recientes palabras del actual pontífice a los cardenales, recuperando como hoja de ruta la exhortación apostólica Evangelii gaudium sobre el anuncio del Evangelio en el mundo de hoy. Así, «hay una continuidad en la novedad, más que una novedad en la continuidad», subraya.
En el primer aniversario del nacimiento al cielo de nuestro querido #papaFrancisco, sus palabras y sus gestos permanecen grabados en nuestros corazones. Recojamos su legado proclamando siempre la alegría del Evangelio, anunciando la misericordia de Dios y promoviendo la…
— papa León XIV (@Pontifex_es) April 21, 2026
