Marta avisa desde el principio: no es una persona muy papista. No lo dice como distancia sino como precisión y, esa aclaración, lejos de alejarla del tema, abre una reflexión más interesante que la devoción sin matices: la de alguien que ha llegado a apreciar la figura del Papa no por emoción sino por comprensión. «Ha sido precisamente estudiar teológicamente qué significa el Papa como figura de unidad de la Iglesia lo que más me ha ayudado a conectar con él», dice.
La palabra que más repite a lo largo del episodio es unidad. Marta enseña teología en Comillas a grupos muy distintos y ha comprobado en el aula algo que le preocupa y le fascina a la vez: que la polarización que tanto se critica en la sociedad también existe dentro de la Iglesia. «Lo decimos mucho de cara afuera: ¡ay, la sociedad qué polarizada está! Pero muchas veces dentro de la Iglesia caemos en esas mismas cosas». No lo dice con indignación sino con la lucidez de quien lo ha visto de cerca, en grupos de alumnos creyentes que reaccionan al mismo tema de maneras completamente opuestas. El mismo contenido, reacciones contrarias. Y ella en medio, buscando los puntos de contacto.
¿De dónde viene tanta polarización? La respuesta de Marta, desde la filosofía, apunta a la inseguridad. «Si estás bien afianzado en lo que crees, no se te va a caer todo el chiringuito porque te hagan dudar de una iota». Y su propia experiencia lo confirma: cuanto más segura ha estado en su fe, menos le ha importado cuestionarse cosas. Algo que viene, admite con humor, de que estudió filosofía antes que teología, y el cuestionamiento ya lo llevaba de serie.
Su camino intelectual es peculiar. Con cuatro años le dijo a su madre que su actividad favorita era pensar. Al terminar el bachillerato no sabía qué estudiar porque le gustaba todo, y su madre le sugirió filosofía. La estudió y le encantó. Pero su fe comprometida pedía más que charlas y libritos: pedía «chicha». Encontró en el aula profesores que conectaban filosofía y teología, sintió algo parecido a una llamada vocacional, y entró en teología. Hoy forma parte de la facultad de teología, investiga y da clase, y está a punto de defender su tesis doctoral. «Me acabó gustando más la teología que la filosofía», dice. «Las tengo muy integradas, pero al final me especialicé en teología».
Es también madre de tres hijos, y cuando se le pregunta cómo esa maternidad ha influido en su manera de sentirse Iglesia para otros, la respuesta sorprende por su honestidad: no fue un cambio drástico. El cuidado ya estaba en ella antes de ser madre. Es hermana mayor de cuatro, participó en la crianza de su hermana pequeña, acompañó a su madre cuando enfermó el abuelo, hizo voluntariado con jóvenes en riesgo de exclusión. «Cuando tuve hijos, no fue una ruptura de yo vivo para mí y de repente vivo para otra persona», dice. Lo que sí reconoce es que desde la maternidad esa sensibilidad hacia la inclusión y el acompañamiento se le ha acentuado. «Tengo más sensibilidad con ese tema desde que soy madre».
Sobre la posible comparecencia del Papa ante los políticos españoles, Marta imagina un discurso de sinergias y colaboración, de superación de conflictos, de búsqueda de lo que une por encima de lo que divide. «León XIV es un hombre muy de unidad y muy de paz», dice.
En el ascensor imaginario con el papa León XIV, Marta no tiene preparada ninguna pregunta grandilocuente. «No pienso en el Papa de manera utilitarista», dice. Probablemente le preguntaría qué tal está, le desearía que le fuera bien en la visita. Pero si hay que mojarse, el tema que llevaría dentro es el de las mujeres en la Iglesia. «Que le dé una vueltecita, que no lo deje en stand by, que Francisco lo puso en marcha». Sin discurso ni reivindicación. Una petición concreta, dicha con la misma naturalidad con que dice todo lo demás.
El episodio cierra con una oración breve y densa: «Señor, como iglesia que camina unida y diversa en Madrid, te pedimos que nos ayudes a hacer cada vez más presente tu unidad en medio de nuestra ciudad y de acoger a todos los que creen lo mismo que nosotros, los que no, y sobre todo a los que más te necesitan. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén».
