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Domingo, 27 septiembre 2026 14:48

Monseñor Vicente Martín: Con los migrantes, «se requiere el compromiso sincero y efectivo»

Monseñor Vicente Martín: Con los migrantes, «se requiere el compromiso sincero y efectivo»

En el día en que se celebra la 112ª Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado, que tiene como lema «Incluso uno de estos pequeños», la Iglesia de Madrid ha celebrado una Eucaristía en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, presidida por el obispo auxiliar Vicente Martín Muñoz.

Iglesia de puertas abiertas

Una celebración en la que se ha querido recordar a tantas personas que salen de sus países, a veces arriesgando la propia vida. Una realidad que desafía a ser «una Iglesia acogedora, de puertas abiertas, que derriba muros y construye puentes», como resaltaba el obispo auxiliar al inicio de la Eucaristía, que aprovechó para agradecer el trabajo que se lleva a cabo desde la Delegación de Migraciones y en las diferentes capellanías con extranjeros, «un servicio a los más vulnerables, especialmente a menores, jóvenes, mayores, que comparten vida con nosotros».

Una jornada en la que el lema «nos llama a prestar atención a los menores que se ven directamente afectados por la experiencia de la migración y la huida», en palabras del obispo auxiliar. Una fecha que este año se circunscribe en la situación que se está viviendo en Ceuta, que demanda «tener en cuenta tanto a los ciudadanos ceutíes, como a aquellos migrantes y refugiados que se encuentran varados en las playas y en las calles de la ciudad autónoma», recordó.

A la luz de las lecturas del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario, monseñor Vicente Martín afirmó que «la palabra de Dios nos ilumina ante el drama de la movilidad humana, instándonos a pasar de las palabras a los hechos, de la indiferencia a la conversión sincera». A partir de la actitud de los dos hijos de la parábola, señaló que «muchas veces, como sociedad o como comunidad de eclesiales, nos parecemos al segundo hijo, pronunciamos discursos solemnes sobre los derechos humanos y la caridad cristiana, pero en la práctica, cerramos los ojos desde las ‘viñas’ sufrientes de nuestro mundo, repletas de familias forzadas a huir por las guerras, el hambre, la persecución y los desastres ecológicos».

No bastan las buenas intenciones

A la luz del mensaje del papa León XIV para esta jornada, que nos recuerda, dentro de los flujos migratorios, los menores son los rostros más vulnerables. Ante ello, «el Evangelio nos exige una respuesta clara, no basta las buenas intenciones, se requiere el compromiso sincero y efectivo, de acoger, proteger, promover e integrar. De igual manera, hemos de reivindicar una especial tutela a las administraciones en la garantía de sus derechos, buscando siempre el interés superior del menor. En ese sentido, hay un marco de legalidad que tiene que cumplirse siempre», defendió el obispo.

Reflexionando sobre las palabras del profeta Ezequiel, donde el pueblo cuestiona el proceder del Señor, dijo que «nuestra lógica humana a menudo construye muros y clasifica la ciencia según su origen legal, su utilidad económica o su estatus social. Aplicamos criterios que excluyen al extranjero y desprecian al refugiado. Sin embargo, la justicia de Dios sitúa la dignidad humana y la vida de los más indefensos como un valor supremo».

«Como Iglesia, estamos llamados a recapacitar», subrayó. Algo que ha pedido el papa León XIV en diversas ocasiones y que está en consonancia con la propuesta de la Iglesia de Madrid de hacerse presente en las periferias, lo que debe llevar a «transformar nuestras estructuras injustas y nuestras actitudes insolidarias».

Mirar a los ojos

Se trata de tener los mismos sentimientos de Cristo, dijo el obispo a partir del texto paulino. Algo que nos debe llevar a «vivir con entrañas compasivas, mantenerse firmes en el amor a Dios y al hermano, no obrar por rivalidad u ostentación, sino con humildad y servicio, no encerrarse en los propios intereses, sino acoger y acompañar a los frágiles». Junto con ello, «bajarnos de nuestros altares de comodidad, para mirar a los ojos a los niños y jóvenes que cruzan fronteras en condiciones extremas y traumáticas».

Finalmente hizo ver que «el Señor nos enseña que el amor no hace cálculos estadísticos ni entiende de fronteras geográficas». Desde ahí llamó a ser «la Iglesia que acude a trabajar a la viña de la misericordia», a ser «instrumentos de acogida, a derribar los perjuicios en nuestras comunidades y a proteger la vida y la esperanza de quienes lo han perdido todo menos su infinita dignidad y su inalienable condición de hijos de Dios».

Una Eucaristía para dar gracias a Dios por compartir «el Pan y la Palabra, aliento para seguir acogiendo», especialmente a niños, niñas y adolescentes migrantes no acompañados, como dijo el delegado de Migraciones de la archidiócesis de Madrid, Rufino García Antón. En sus palabras al final de la celebración ha agradecido a quienes en Madrid velan por los menores migrantes, una Iglesia dispuesta a «construir comunidades acogedoras y misioneras».

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