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Martes, 07 abril 2026 08:00

«Ojalá el Papa nos eche una bronca con cariño»: Borja, padre de seis niños, espera que León XIV le recuerde a la Iglesia que tiene trabajo por delante

«Ojalá el Papa nos eche una bronca con cariño»: Borja, padre de seis niños, espera que León XIV le recuerde a la Iglesia que tiene trabajo por delante

Borja llevaba seis meses en España, acababa de empezar en un trabajo que no le daba vacaciones, tenía cinco hijos —el menor con cinco meses— y su mujer soñaba desde hacía tiempo con recorrer Sídney en autocaravana. Lo de Sídney quedó para más adelante. Cuando les propusieron unirse a un viaje organizado con Hakuna a Roma, la pregunta fue: ¿y si nos vamos nosotros por nuestra cuenta? Los números no salían. Pero la autocaravana, con cinco sillas Isofix instaladas, resultó ser la solución. Su mujer organizó el itinerario con paradas en Carcasona, Niza y otros puntos del camino. Y se fueron. «Los niños iban como en una nave espacial», recuerda Borja. «Nosotros íbamos flotando porque era como un sueño».

Lo que ocurrió en el Vaticano superó cualquier expectativa. Estaban haciendo una Hora Santa en la basílica de San Pedro cuando alguien empezó a murmurar que el Papa Francisco estaba rezando detrás de una columna. Nadie le esperaba. Les habían pedido que se quedaran en los bancos si aparecía. Borja miró a sus hijos pequeños, miró cómo todo el mundo empezaba a moverse hacia adelante, y tomó una decisión: «Esta no me la pierdo». Los niños, por ser de los pocos que había entre los presentes, se fueron abriendo paso. El Papa los cogió en brazos. A los cuatro. «Fue una sensación bastante brutal», dice Borja. «No se me va a olvidar nunca».

El protagonista admite que su relación con el Papa Francisco no empezó siendo fácil. Llegó de Chile con una imagen del Papa construida en parte por los medios, y le costaba entender ciertos gestos. Fue un libro de un periodista lo que le hizo entender al hombre que había detrás de las noticias. «Empecé a quererle mucho», dice. «Hablaba del hospital de campaña, que a mí me apasiona. Una Iglesia que tiene que atender a todos». Y desde esa comprensión nueva, el viaje a Roma cobró otra dimensión. Ver al Papa en persona, después de haberle conocido por dentro a través de la lectura, fue algo distinto a simplemente ver a un personaje famoso.

Ahora, con seis hijos y la visita de León XIV en el horizonte, Borja está coordinando con su vicario cómo apuntarse de voluntario y cómo organizar la logística familiar para aprovechar al máximo lo que él llama «algo único». Y tiene muy claro lo que espera del Papa: una bronca. No como crítica amarga sino como lo que él mismo les da a sus hijos cuando es necesario: una corrección de quien quiere. «Ojalá nos eche una bronca, con cariño, de padre, de alguien que te quiere y te dice: tío, ponte las pilas, que tienes mucho trabajo por delante». Lo dice en serio, sin ironía. La Iglesia, a su juicio, está en un momento de florecimiento real, con jóvenes que vuelven a las parroquias y encuentran ahí comunidad y vida. Pero precisamente por eso, necesita un empujón. 

Su manera de entender la misión cristiana es igualmente directa. No cree en dar lecciones ni en criticar a quien no va a misa. Cree en el contagio. «Yo no le critico. Yo le quiero, le abrazo. Y yo voy a misa para que lo vea. Y si me pregunta, le digo por qué voy.» Una filosofía que viene de lejos y que resume con una frase: «La fe es un regalo». Y los regalos, dice, no se imponen sino que se comparten cuando alguien los ve en ti y pregunta de dónde vienen.

En el ascensor imaginario, Borja no le pediría nada al Papa ni le haría ninguna pregunta. Le daría las gracias. «Yo creo que la posición del Papa no es cómoda. Cada cosa que hace puede ser interpretada, publicada, escandalosa. Tengo mucha suerte de tener a alguien en quien fijarme que, estando tan lejos, sea tan cercano».

El episodio cierra con una oración generosa: «Señor, te damos gracias por la suerte que tenemos de la venida del Papa. Te damos gracias por el regalo de la fe a los que nos la has dado y por la oportunidad de contagiar a los que no la tienen todavía. Ayúdanos a vivir conforme a lo que nos enseñas tú, a lo que nos diga el Papa. Te pedimos por los frutos de su visita. Ojalá llegue a todos los estadios a los que quiere llegar, a todas las personas, a todos los entes. Ojalá la política en España, que yo últimamente no la veo muy bien, también le llegue el mensaje del Papa y sea capaz de tocar los corazones. Te pido por los niños. Te pido por los enfermos, te pedimos todos, por los niños y por los enfermos, por las familias, por el núcleo familiar. Ojalá que se sostenga y se mantenga y se favorezca. Y aprovecho todos los que estáis escuchando para pediros por una intención específica, aprovechando que estoy aquí, que tengo esta suerte, de poner en manos de Dios la salud de una buena amiga, Olga, que le han encontrado recientemente un cáncer y no quiero dejar de pediros por ella y aprovechar que estamos todos unidos en la fe, que allí donde hay dos o más, ahí está él. Así que que todos retemos por todos. Amén».

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