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Martes, 19 mayo 2026 14:22

Óscar Jesús Concejal, futuro diácono de la diócesis de Madrid: «Dios es el mejor Masterchef»

Óscar Jesús Concejal, futuro diácono de la diócesis de Madrid: «Dios es el mejor Masterchef» Óscar, a la izquierda, junto a dos seminaristas en la JMJ Lisboa 2023

La catedral de la Almudena acogerá el sábado 23 de mayo la ordenación diaconal de diez seminaristas en una celebración que comenzará a las 19:00 horas y que se podrá seguir a través del canal de YouTube del Arzobispado.

Entre los ordenandos estará Óscar Jesús Concejal. Tiene 55 años, y lleva a cabo su etapa pastoral en la parroquia Santísimo Cristo del Amor, en Cuatro Vientos. «Dios me ha cocido a fuego lento en su amor y su misericordia, con mucha paciencia, porque hay guisos como yo que tardan más en hacerse». Por eso, siguiendo con la jerga gastronómica, afirma que «Dios es el mejor Masterchef».

Aunque no le molesta que la gente lo diga, para él no hay «vocación tardía», que le suena más bien a «como si hubiéramos dejado para Él las sobras», sino que «mi experiencia de vida me ha hecho ser quien soy y ha conformado mi vocación en su momento adecuado, no para mí sino para los planes de Dios».

La historia de Óscar arranca en Madrid, hijo de madre extremeña y padre madrileño, y una hermana cuatro años mayor que él. «Quizá por la educación recibida» se fue formando en él una imagen de Dios «castigador, de cumplir», y eso le chirrió. «No se puede estar en una relación con alguien por miedo o por cumplimiento», de modo que concluyó que «esta religión no es la mía».

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Rostros concretos

Entonces «no perdí la fe», pero «me alejé de la práctica religiosa». Esto fue en su adolescencia. Después, estudio Filología Inglesa y aprobó las oposiones, sacándose su plaza de profesor de Inglés en la escuela pública.

Hacia los 30 años, como el hijo pródigo, empieza su camino de vuelta a casa, que fue siempre a través de rostros concretos, y trae dos a la memoria: May, misionera irlandesa de Verbum Dei, y Pilar, una compañera suya de universidad que hoy es salesiana. Ellas le fueron acompañando al Dios amor, y en contraposición a esa imagen distorsionada de su infancia, «esto ya me sonaba muy bien».

Con sus «idas y venidas», Óscar volvió a la oración, a los sacramentos y a tener experiencias de Dios, de ese «amor fundante». Nunca se había planteado la vocación al sacerdocio, aunque de pequeño había estudiado en un seminario menor. Pero un día, en clase con sus alumnos, tuvo una revelación: «¿Qué hago dándoles inglés cuando lo que necesitan en realidad, lo que tienen es sed de otra cosa, de eternidad, de Dios?». Y surgió un diálogo en su interior: «Tienen hambre - Dales tú de comer». (Imagen inferior, Óscar, el segundo a la derecha, en una visita a Roma con su curso).

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Una señal para dar el sí

Para dar el sí a una llamada al sacerdocio tenía la excusa perfecta, una «vida resuelta» y una edad avanzada. Así que le pidió a Dios una señal si realmente «quieres que me haga cura», y esta vino con otro rostro concreto, el de José Ignacio Sánchez Carazo, «un seminarista mucho más mayor que yo» al que conoció a través de su grupo de oración. «Me quedé con la boca abierta», y ya no pudo poner más excusas. «Pa’lante», y empezó el propedéutico.

Reconoce que era reacio, «pensarán que este señor qué hace aquí», pero Dios le daba confianza, porque si era que no, en realidad él seguía teniendo su plaza de funcionario. El seminario estos años ha sido bonito, pero duro. «A uno con 50 años le cuesta dejarse hacer, negarse a sí mismo duele», pero «los compañeros de curso me han ayudado mucho» y los formadores han tenido una paciencia que «ni el santo Job». (Imagen inferior, en CEDIA, recurso para personas sin hogar de Cáritas Diocesana de Madrid).

Diacono oscar cedia

«Dejarnos hacer y configurarnos con Cristo»

El paso por el seminario ha ido «una experiencia de amor y sobre todo de no creerme que yo lo sé todo por tener 50 años; estamos ahí para dejarnos hacer y configurarnos con Cristo». Y aquí introduce una imagen «que me gusta mucho: a Cristo caminando sobre las aguas». Lo que Óscar ha experimentado en su vida es que «cuando fijo la mirada en Él, soy capaz, pero si la pongo en mí mismo, me hundo hasta el abismo, aunque siempre tienes la confianza de que Él está ahí para sacarte».

Igual que esa llamada que tuvo a entregar a sus alumnos el agua viva, como Jesús a la samaritana, la tiene ahora Óscar de cara a su futuro ministerio. Él, que también vivió situaciones complicadas en su infancia, se conmueve ante tanta gente que sufre. Y sabe que hay esperanza para ellos porque lo ha experimentado en primera persona. «El Señor me ha trasformado a mí y a esas heridas en fuente de vida».

De ahí que se sienta muy llamado a «llevar el rostro de Cristo ante tanto sufrimiento», junto a, evidentemente, «celebrar los sacramentos», pero para eso está el presbítero, «lo principal es lo principal». En todo ello, como pilar, le sostiene la Virgen. «Un sacerdote tiene que ser mariano».

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