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Lunes, 08 junio 2026 20:34

El Papa León XIV se rinde a la Iglesia diocesana en el Estadio Bernabéu: «Don José, hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo»

El Papa León XIV se rinde a la Iglesia diocesana en el Estadio Bernabéu: «Don José, hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo» Foto de Ma. Nazareth Salguero

El Estadio Bernabéu ha sido este lunes, 8 de junio, el escenario de un encuentro entre el papa León XIV y la Iglesia diocesana de Madrid, junto a las diócesis de Alcalá de Henares y Getafe. Cerca de 70.000 personas llenaron el estadio en un acto que ha reunido a representantes de parroquias, movimientos eclesiales, vida consagrada, sacerdotes y agentes pastorales, con una presencia destacada de los consejos pastorales parroquiales.

El encuentro estuvo precedido por más de dos horas de ambiente festivo, con testimonios, actuaciones musicales y la entrada en procesión de la Virgen de la Almudena y del Cristo de Medinaceli. La llegada del Santo Padre desató una ola de emoción entre los asistentes, acompañada por los acordes de Petrus, interpretada por Ignacio Ozores y Luispo, y el himno oficial de la visita, Alza la Mirada, cantado por Daniel Diges, Diana Navarro y David Bustamante.

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 Foto de Gabriel Gonzalez-Andrío

Tras la llegada del Santo Padre, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, ha tomado la palabra con un discurso que ha evocado la música, el silencio y la sinodalidad como claves para entender la misión de la Iglesia en el momento presente.

Ha arrancado su intervención con una cita de San Agustín —«Cantad al Señor un cántico nuevo... cantad todos juntos, con un solo corazón y una sola voz»— para subrayar que la Iglesia, cuando vive unida, se convierte en sí misma en un canto. «Tanto más bello, cuanto más sabe armonizar la diversidad de sus voces», ha señalado el arzobispo, quien ha recurrido a la metáfora musical como eje de toda su alocución.

El arzobispo de Madrid ha recordado que el camino sinodal ha devuelto a la Iglesia una verdad fundamental: no existe para sí misma, sino para evangelizar. «Es un pueblo convocado y enviado en misión, donde todos, por el bautismo, participamos de la misma dignidad y de una responsabilidad compartida», afirmó.

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 Foto de Gabriel Gonzalez-Andrío

Asimismo, ha trasladado la metáfora del agua bautismal a la geografía propia de la capital. «En Madrid, sus entrañas más hondas son un gran acuífero con un gran volumen de agua», dijo, para convertir esa imagen en símbolo de la comunión que sostiene a la Iglesia Pueblo de Dios. Una comunión que, subrayó, «en este momento histórico, tan desgarrado y dividido, tenemos que abrazar cada vez con mayor intensidad».

El arzobispo ha querido desgranar el modelo de Iglesia al que aspira la diócesis de Madrid: «Una Iglesia en salida: un hogar donde cada vocación cuente, donde la corresponsabilidad no sea una teoría sino un estilo de vida, donde la autoridad se viva como servicio y donde la misión se teja caminando juntos». Una Iglesia, añadió, «que no tema abrir procesos, que se deje interpelar por la realidad y que busque, con humildad, cómo anunciar hoy el Evangelio».

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Fotos Jóvenes Madrid

El arzobispo ha realizado una enumeración de todos los actores que dan vida a la diócesis, convirtiendo el repaso en una letanía coral: los consejos de pastoral, los catequistas, los sacerdotes, la vida consagrada, el mundo de la educación, quienes cuidan la liturgia, los agentes de Cáritas, los mayores, las familias y los laicos en medio del mundo. «Todos son necesarios», ha afirmado, pero advirtió que no basta con que haya muchas voces: «Es necesario que cantemos juntos, que haya armonía y comunión y que la sinodalidad —el caminar

El cardenal ha cerrado su intervención dirigiéndose directamente al Pontífice: «Querido papa León, hoy queremos abrazar con toda nuestra Iglesia su ministerio y acoger su palabra como quien recibe un abrazo».

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Fotos Jóvenes Madrid

El arzobispo también ha mencionado expresamente a las diócesis hermanas de Alcalá de Henares y Getafe, con las que Madrid comparte «una misma fe, una misma esperanza y una idéntica misión», y ha aspirado a que la Provincia Eclesiástica sea reconocida como un cántico que, sin imponerse, «llega al corazón de quien quiera escuchar»: «Ese canto no nace solo de nosotros, sino de Dios, y en él habita una esperanza que merece la pena ser escuchada».

Tras el discurso del cardenal José Cobo, la Iglesia de Madrid ha querido presentar al Santo Padre algunos de sus proyectos: los consejos pastorales, la experiencia de CONVIVIUM, la acogida en las parroquias a personas que provienen de otros países y los proyectos de iniciación cristiana.

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Y ya llegaba el momento de escuchar al Santo Padre. Un Bernabéu completamente en silencio. El Papa ha dejado a un lado su discurso para proclamar que «¡hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre!».

Acto seguido, ha retomado su discurso y no ha tardado ni 20 segundos en mostrar sus cartas: comunión, comunión y comunión. Es el tema al que le ha dedicado su discurso casi por completo. Él lo ha formulado con otras palabras, pero la idea es la misma. «Esta velada es un gran himno de fe y me complace unir mi voz a la vuestra para alabar a Dios y fortalecer los lazos de una familia eclesial tan hermosa que está aprendiendo el arte de la polifonía, es decir, de la unidad en la diversidad», ha señalado León XIV al inicio de su discurso.

Una comunión que el Pontífice ha enraizado en el Bautismo. En él, «nuestras sensibilidades, procedencias y prioridades se encuentran en Cristo y de su vida reciben la savia, como los sarmientos a la vid». Este elixir «trasforma lo que ya había en nosotros», porque «se orienta al servicio, deja de ser un don privado y sirve al bien común». Así, los cristianos podrían estar condenados a la uniformidad. Pero ante este peligro, el Papa ha rememorado su reciente encíclica Magnifica Humanitas, donde «he propuesto, como alternativa a la homologación y confusión, la figura de Nehemías, que involucra a toda la comunidad para reconstruir los muros de Jerusalén».

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Otra alternativa propuesta por León XIV es «la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad».

No obstante, los cristianos tienen «su propia forma de construir». A saber, «orientar la acción hacia Dios, para que, baso su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la práctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último».

Sinodalidad frente a la tentación de «encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía». Sinodalidad para no encerrarnos y así «llegar al corazón de la ciudad». Aunque para ello, también «hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera», hay que cultivar «el deseo de encontrar al Resucitado, que siempre va por delante de nosotros, nos precede y tal vez ya esté presente donde aún no lo hemos buscado».

Durante su discurso, el Santo Padre también ha invitado a pasar de la comunión a la misión. En este sentido, «la pregunta que se vuelve más importante es: Lo que somos y hacemos como cristianos, ¿llega «allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas», o sea, a los «núcleos más profundos del alma de las ciudades?»

«Queridos hermanos, Madrid es una gran ciudad donde conviven tradiciones y «almas» diferentes. Dios conoce uno a uno los corazones de sus habitantes. Los conoce como solo Él sabe y puede hacerlo, es decir, en el amor y, por tanto, en la libertad […] Juntos, como Iglesia diocesana, podéis ofrecer el testimonio evangélico que desata las mejores fuerzas de una humanidad bombardeada  de imágenes y palabras, pero hambrienta de justicia y sedienta de verdad», ha asegurado el Santo Padre.

Sobre los consejos parroquiales y diocesanos, León XIV ha subrayado que «no tiene un objetivo menor que este: modificar la sensibilidad de cada uno gracias a una escucha más profunda de lo que el Espíritu dice a la Iglesia. Sería una lástima reducirlos a meros trámites burocráticos. Son espacios de escucha recíproca para el ejercicio del discernimiento, sin el cual no sólo cada uno va por su camino, sino que corremos el riesgo de no comprender dónde nos quiere el Señor, qué espera de nosotros, a qué conversiones nos llama».

Al final de su discurso, el Santo Padre ha vuelto a recordar algunos de los testimonios que se han escuchado: «¡He aquí la Iglesia, queridos hermanos y hermanas! He aquí la música del Evangelio, con su ritmo contagioso. Cuando llega al corazón, hace que uno diga de haberse sentido acogido con los brazos abiertos […] Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios. El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa».

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