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Jueves, 25 junio 2026 08:00

Pedro Pérez: «Cuando fui ordenado, sentí que entraba en la familia de los curas»

Pedro Pérez: «Cuando fui ordenado, sentí que entraba en la familia de los curas»

Pedro Pérez Lozano es párroco de Santa María del Pinar, en Pinar de Chamartín. Para él ser cura en Madrid es «pertenecer a una familia de fe en la que hemos entrado por el Bautismo. Y luego una familia muy humana, la familia de los sacerdotes». Recuerda que al tener un tío (ya fallecido), y un primo también presbíteros, «desde muy pequeño he visto curas en mi casa».

No camino solo

A partir de ahí, «cuando vino la vocación y luego ya fui ordenado, me sentí como que entraba en esa familia de los curas», una gracia inmensa, subraya. Pertenecer a ella «me aporta la seguridad de que no camino solo, de que no empiezo nada, sino que sigo un camino que otros han trazado. La garantía de la pertenencia a un ministerio, a un presbiterio. Y eso me aporta seguridad».

Después de 27 años ordenado, dice vivirlo con más madurez, «con una mayor serenidad y conciencia de lo que significa ser sacerdote, con mucha alegría». En una realidad viva, con mucho de todo: «Una parroquia muy bonita, donde se ha ido construyendo una comunidad muy evangelizadora, donde la gente que va llegando percibe que aquí se vive algo hermoso, algo grande, y rápidamente se intentan integrar de una manera o de otra. Donde el domingo es una fiesta en todas las Misas». Gente que sale de la Eucaristía «y no se quiere ir a su casa. Y eso es algo bonito».

«Personalmente vivo este momento con mucha gratitud por lo que la Iglesia me ha confiado y lo que recibo de la comunidad, que es mucho afecto, cariño y amor a los curas. Y es algo que vivo con los demás sacerdotes de la parroquia», afirma el párroco de Santa María del Pinar.

En busca del que no va

Para Pedro Pérez, «el reto siempre es salir más, el no conformarnos con lo que haya. Es una parroquia que si la mides en números es grande». Pero en la que «hay mucha más gente que no viene de la que viene». Ello demanda «la fermentación del ambiente, que la gente evangelice en su bloque de vecinos, que no tengan miedo a significarse. El reto es salir a por los que no vienen y cuidar más a los que vienen. Vencer todavía mucho individualismo que nos queda a la hora de vivir la fe».

Para lograrlo ve necesario «una mayor experiencia de Dios, que no se limite a los sacramentos, sino que toque la vida» de forma que «me crea realmente que Dios cuenta conmigo para ser testigo». Desde ahí subraya que «el gran reto es creer en el poder de Dios y en que, si uno anuncia a Jesucristo, el otro lo va a recibir, va a acoger la Palabra y se va a convertir en testigo».

En el Papa León XIV ve «serenidad, paz, un tiempo de sosiego en la vida de la Iglesia. Ha roto con extremismos, con partidarios y detractores y ha unificado. Este Papa trae mucha unidad a la Iglesia y lo hemos visto ahora estos días en Madrid», afirma Pedro Pérez, en relación a la visita a la diócesis del 6 al 9 de junio. En esa perspectiva, recuerda asimismo CONVIVIUM, la asamblea presbiteral celebrada en febrero, como algo que ha ayudado a que el clero de Madrid se sienta más familia a pesar de su diversidad. Esa experiencia «nos enriquece, nos ayuda a ser más conscientes de que formamos parte de una misma Iglesia y de que la evangelización es tarea de todos. Eso ha ayudado a los curas; y a la gente, al ver la unidad de los curas».

Sentirnos hermanos

En realidad, Pedro Pérez no participó de la asamblea, pues tenía agendado desde hacía mucho tiempo un viaje a Argentina. Ante el interés con el que se seguía desde allí lo que estaba ocurriendo en Madrid, asegura que «vivirlo desde otro país fue un sentimiento de orgullo que me emocionaba. Me pareció muy bonito. Me daba pena no estar, pero a la vez sentía una alegría por lo que estaba viendo».

Lo que experimentó en la preasamblea, señala que lo vio con mayor intensidad en la asamblea. Reconoce que «era sobrecogedor». Una admiración que constató en los curas y en el obispo con los que estaba esos días al otro lado del Atlántico. De hecho, resalta que esto «aporta mucho al sentirnos familia, hermanos». El camino para ser mejores curas se concreta «siendo más fieles a Jesucristo, teniendo una mayor conciencia de que vamos todos remando en la misma dirección. Y abiertos a lo que el Espíritu quiera».

Se trata de «fiarse del Espíritu que nos ha traído hasta aquí, y de ver donde él nos quiera llevar». Uno de esos frutos del Espíritu y del testimonio dado por los sacerdotes es que en su parroquia haya jóvenes que se plantean esa vocación. Y es que ser cura en Madrid es algo que nos anima y nos hace ver la importancia de vivir el sacerdocio y de caminar juntos con la Iglesia de Madrid y con el clero, con la Iglesia Universal y con el Papa León XIV, para poder hacer realidad aquello que, con nuestras limitaciones, la Iglesia espera de cada uno de nosotros, concluye.

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