La Delegación episcopal de pastoral con las Personas Mayores celebró este jueves, en la parroquia Nuestra Señora de Moratalaz, el II Encuentro de inicio de curso. La cita reunió a los agentes de pastoral que colaboran con la Delegación: miembros de las Mesas del Mayor de Vicaría, voluntarios del Teléfono de Escucha y otras personas comprometidas con la pastoral de mayores.
En su intervención de bienvenida, el delegado Carlos Rivas destacó la importancia de encontrarse para «apoyar las iniciativas, animar los esfuerzos, colaborar unos con otros e ilusionarse con nuevos planteamientos». Se subrayó que la Iglesia en Madrid une sus fuerzas en favor de los mayores y los ancianos, y que el plan pastoral lanzado en 2025 en la parroquia del Buen Suceso es «un camino que seguimos haciendo», sin olvidar nunca las raíces. Se agradeció a la parroquia su acogida - estaba presente su párroco José María Oviedo que recibió un regalo de parte de la delegación - y la presencia de los vicarios, Juan Pedro Gutiérrez Regueira y Ángel López Blanco.

El vicario Ángel López Blanco ofreció unas palabras en las que compartió su experiencia sobre la vejez. Explicó que primero se descubre en los demás, al ver envejecer a los padres o a los abuelos, y que después llega el momento de aprender a envejecer uno mismo. «Lo más bonito es darse cuenta de que lo importante no es lo que podemos o no hacer, sino que seamos capaces de ser», afirmó, y añadió que ser es ser «capaz de amar y saberse amado». Concluyó con una imagen cercana: «Qué gusto es ver a una persona mayor querida por los demás, y qué triste es la soledad no deseada».

Experiencias en la parroquia de Moratalaz
La jornada continuó con el testimonio de dos voluntarias de la parroquia anfitriona. Uti, voluntaria del Centro de Cáritas para mayores y del centro recreativo cultural, explicó que un grupo de tres voluntarias se reúne los miércoles, de 17:00 a 18:30, para compartir un rato agradable con las señoras. Cada semana hacen una actividad distinta, como ejercicios de memoria o cantos, y cuentan con colaboradores que ofrecen charlas. Algunas participantes se llevan labores a casa y, en diciembre, organizan un rastrillo cuyos beneficios se destinan al Tercer Mundo o a necesidades de la parroquia. Visitan además a quienes se han ido a una residencia o están enfermas, y mantienen el contacto con ellas.
Charo, del grupo de pastoral de la salud y del centro sociocultural, subrayó que acompañar a los enfermos «es y será siempre una misión necesaria». Destacó la ternura y la perseverancia de los familiares que cuidan de sus enfermos, «testimonio extraordinario de amor», y lamentó la situación de quienes están solos. «No puedo dejar de ver en ellos el rostro del Señor», confesó, y añadió que esta labor la ayuda a ser mejor persona. Sobre el grupo sociocultural, formado por ocho personas, explicó que cada año realizan actividades como trabajos sobre el Museo del Prado, el agua, la astronomía o las enfermedades, además de salidas a museos y exposiciones. Estas iniciativas, señaló, les ayudan a mantener su actividad social y física y a apoyarse como amigas.

Proyecto Simeón: acompañar la soledad no deseada
La hermana Leonor, Hija de la Caridad, y Gabriel presentaron el Proyecto Simeón, dedicado a las personas mayores que viven en soledad no deseada. Gabriel explicó que el programa nació hace tres años, impulsado por el Ayuntamiento de Madrid, la Junta de Distrito de Moratalaz y Cáritas Diocesana de Madrid, como un servicio de visita a domicilio. Participan unos 20 voluntarios, también de edad avanzada, en la línea de la pastoral con los mayores: una acción no solo para ellos, sino también con ellos. Cada voluntario visita a una persona un día a la semana. Antes de empezar, pasan una entrevista con el trabajador social y realizan el curso básico institucional de Cáritas, para entender que forman parte de la Iglesia. «No vamos a evangelizar, pero no escondemos quiénes somos ni por qué venimos», aclaró. Reconoció que no es fácil entrar en casa de un desconocido, pero destacó que el proyecto gana en estabilidad y en reconocimiento por parte de las personas visitadas. Una vez al mes, todos los voluntarios se reúnen para conocerse y compartir su experiencia.
La hermana Leonor definió el proyecto como «muy actual y necesario» en una sociedad envejecida, y recordó el impulso del papa Francisco al cuidado de los mayores, con la institución de la Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores y un ciclo completo de catequesis sobre la vejez. Acompañar, explicó, significa estar al lado de la persona «sin prisa», aliviar el malestar de la soledad y ofrecer escucha y acogida.
El punto de partida dijo, es la confianza, que solo nace de la escucha y requiere tiempo: «Lo mínimo es una hora, pero muchas veces se queda corta». Aunque no siempre se pueda resolver un problema material, la persona «se siente a gusto». Insistió en la constancia y la responsabilidad de los voluntarios, porque «si fallamos, los dejamos desprotegidos». Y concluyó que, para los creyentes, en cada persona visitada «nos espera el Señor», y se cumple la palabra recogida por san Pablo: «Hay más alegría en dar que en recibir».

Inteligencia artificial y líneas de trabajo del curso
La jornada continuó con la ponencia «Seguir siendo humanos en la era de la IA. Desafíos y oportunidades», impartida por Vanesa Morente Parra, de la Universidad Pontificia Comillas.
El encuentro finalizó con la intervención del delegado, Carlos Rivas, que centró su exposición en tres puntos: el momento actual de la pastoral, las líneas de trabajo y una propuesta concreta. Sobre el momento actual, explicó que la Delegación cuenta ya con varios logros, entre ellos la progresiva implantación del plan pastoral. La herramienta principal del curso pasado, que seguirá siéndolo en el nuevo, es el Tríptico Diocesano, que da a conocer cómo es la pastoral con las personas mayores en la diócesis de Madrid y al que están invitadas a sumarse las parroquias y realidades eclesiales que quieran colaborar.
Señaló asimismo que la Pastoral con Mayores va consolidando sus jornadas propias: el 15 de junio, Día contra el Abuso y los Maltratos; el 1 de octubre, Día Internacional de las Personas Mayores; y el último domingo de julio, Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores. A ello se suman los canales de comunicación y sensibilización: la web de la Delegación y un programa propio en Radio María, "Caminando años arriba", que se emite una vez al mes. Entre los desafíos, citó seguir creciendo en esta pastoral, generar equipos y avanzar en conocimiento e implicación en el territorio, principalmente a través de las parroquias.

Para el curso 2026-2027, las líneas concretas de trabajo son difundir la pastoral a través del tríptico y trabajar a nivel parroquial. En este sentido, la Delegación quiere contar con «parroquias amigas»: comunidades donde se trabaje la pastoral con las personas mayores y cuya acción se pueda visibilizar y apoyar, como se ha hecho en esta jornada con la parroquia de Nuestra Señora de Moratalaz. Otra línea, calificada de muy importante, es conocer qué residencias existen, cuáles cuentan con voluntariado y acompañamiento y cuáles no, con el fin de elaborar en próximos cursos un plan específico sobre las residencias.
Por último, la Delegación presentó una propuesta concreta: unos talleres para prevenir y acompañar la soledad en las personas mayores, de cuatro sesiones de una hora y media cada una. Están pensados para aquellos lugares donde se detecte que hay personas a las que les vendría bien formar un grupo de encuentro y de vida, y pueden ser el inicio de esa experiencia.
