La Sociedad de San Vicente de Paúl, institución católica formada por laicos, implantada en 153 países y que ayuda a más de 30 millones de personas, organiza un encuentro internacional de jóvenes en Salamanca.
Se desarrollará del 15 al 21 de junio con la participación de representantes de todos los continentes con el objetivo de compartir su fe católica y su servicio a las personas más necesitadas.
Jóvenes de cerca de 100 nacionalidades, llegados de países como Líbano, Nicaragua, Francia, Myanmar, República Centroafricana, Albania, Venezuela, Haití, Cuba, Siria, Honduras, Vietnam, Irlanda, Ruanda, Sudáfrica, Rumanía, Sierra Leona…
La Sociedad de San Vicente de Paúl organiza en Salamanca este encuentro internacional con el fin de que los jóvenes puedan compartir su experiencia de fe y de servicio bajo el carisma vicenciano, que tiene como modelo a san Vicente de Paúl, un carisma que incide en la ayuda personal, cercana y eficiente hacia las personas que viven en la pobreza.
Los jóvenes, que llegarán de todas las partes del planeta, son misioneros en su propia tierra y traerán en su mochila la experiencia de ayuda al prójimo según su contexto social y cultural. Algunos de ellos provienen de países en los que la religión católica es perseguida, minoritaria o no reconocida oficialmente, otros llegan de países en desarrollo, donde los recursos son escasos y en los que superan retos a través de su compromiso e imaginación. Estos jóvenes también vienen de países desarrollados, donde la secularización y la indiferencia religiosa les señala y donde tampoco es fácil hacer llegar el mensaje del Evangelio.
Pero todos ellos tienen algo en común, su fe y su compromiso de servicio hacia los descartados de la sociedad, que se resume en una de las frases del principal fundador de la Sociedad de San Vicente de Paúl, Federico Ozanam, precursor de la doctrina social de la Iglesia, beatificado por el Papa san Juan Pablo II: «¿Qué podemos hacer para ser católicos de verdad, sino consagrarnos a aquello que más agrada a Dios? Socorramos pues al pobre, como lo haría Jesucristo, y pongamos nuestra fe bajo las alas protectoras de la caridad».
