En la víspera de la Solemnidad de San José, una fecha tradicionalmente asociada al Día del Seminario, seis seminaristas del tercer curso del Seminario Conciliar de Madrid han recibido la Admisión a las Órdenes Sagradas.
Proceso de discernimiento
Presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, la capilla del Seminario ha acogido una celebración en la que estos seminaristas han dado un paso con el que «iniciamos ya un proceso intenso de discernimiento y de acompañamiento, de compromiso por parte vuestra, de vuestras familias, de las comunidades en las que estáis y de la comunidad del Seminario», como decía el cardenal al inicio de la Eucaristía.
La vocación fue comparada por el arzobispo de Madrid con el camino de la vida, «a veces lleno de luces y otras atravesando un montón de incertidumbres, de búsquedas, de silencios». En sus palabras, dijo ver la Cuaresma como «un tiempo de alegría para volver a lo esencial, para recuperar lo fundamental de nuestra vida y para que así, en lo fundamental de la vida, aprendamos a reconocer continuamente la luz de la Pascua que luego aparecerá».
Una Pascua que es «no solo una celebración futura, sino la forma de ver el presente y la forma de ver la vida, que está llena de luces de Pascua». El cardenal José Cobo subrayó la necesidad de «ir continuamente con Jesús, dejarse conducir por su paso, como hacían los discípulos, en este tiempo de Cuaresma, sin quedarnos pensando en nosotros mismos, ni en nuestro futuro, ni en nuestros planes, ni en nuestras, nuestras configuraciones de la vida, sino pensar más allá de nosotros mismos».

Un proyecto más allá de lo mío
El arzobispo llamó a descubrir que «ni el proyecto es mi proyecto vocacional, mi proyecto familiar, sino la Pascua siempre nos hace mirar más allá de lo mío para ir a lo que el Señor quiere y a lo que el pueblo de Dios también va necesitando». Para ello puso como ejemplo la figura de José, «alguien profundamente humano, que pasa por caminos tan concretos como los nuestros». Alguien que tiene su proyecto, pero que «Dios tiene otro proyecto para él, que tiene que aprender a sincronizar».
Para el cardenal, «José es un hombre en camino, un hombre que está continuamente en marcha, haciendo siempre nuevos caminos. Es un hombre que descubre que la fe es un camino muy cotidiano, que no se hace en grandes libros, sino que se hace con una María al lado y con un niño al que cuidar, incluso cuando no comprende». Un hombre, en palabras del arzobispo, «que se le han roto todos los planes», que no entiende, pero aprende a amar, a María, aprende, a Jesús.
Para José «no son sus planes los primeros. José es un hombre que aprende a hacer una lectura creyente de la realidad y aún sin entender, con la única línea de vida del amor, aprende a responder incluso a planes que él nunca había previsto», subrayó el arzobispo. Un hombre creyente, que ama, capaz de «custodiar lo que Dios le ha dado, aunque a veces no lo entienda». Desde ahí, dijo a los presentes en la celebración: «aunque en la vida Dios te cambie los planes, sé capaz de amar y de rehacer y reconocer el plan de Dios en las dificultades de la vida, con la única meta y el faro del amor por delante».

Escuchar el paso de Dios
Un hombre que actúa, que se compromete. «No es un hombre instalado ni mirándose al ombligo, sino alguien que actúa continuamente porque la vocación no es hacer cosas extraordinarias. La vocación es escuchar el paso de Dios en la vida de cada día y escuchar con la guía del amor lo que Dios te va poniendo por delante, no lo que tú sueñas», algo que en palabras del cardenal «nos aporta José, especialmente el cuidado». Ante la crisis José cuida, atiende, responde, muestra que «la vocación es cuidar el misterio que le ha sido confiado», especialmente lo que es aparentemente pequeño. Dios quiere, afirmó el arzobispo, «el camino de lo pequeño, el de lo cuidado».
Siguiendo ese cuidado de San José, animó a descubrir que «es posible cuidar a Dios» y que «la respuesta vocacional es si cuidáis a Dios, que es acoger la fragilidad, lo pequeño, reconociendo que ahí está Dios, que ahí está creciendo Dios en medio de las dudas, en un niño que se le pierde y ahí se gesta la vocación». En ese camino vocacional, el cardenal Cobo se refirió a la admisión a Órdenes como un momento muy sencillo, realizado en la fiesta y en la familiaridad del seminario, que «es más grande que esta casa».
Un rito que muestra la llamada de Dios y «que vamos a empezar y que vamos a discernir ya profundamente». El arzobispo hizo ver a los seis seminaristas el camino recorrido, que no han hecho solos: hay detrás familia, amigos, comunidades, curas que han acompañado, «mediaciones de Dios que os han sostenido y que han creído también en vosotros». Un motivo de agradecimiento por su vocación, que como decía el Papa Francisco es un milagro, haciéndoles ver «que milagro más bonito que sois cada uno de vosotros».

Cuidar y dejarse cuidar
Dios llama al estilo de José, «a cuidar y a dejarse cuidar», recordó. También hizo ver que «esto no es una meta, ni tampoco es un compromiso definitivo, pero hay un elemento muy bonito hoy y es ese nacer de una vocación que necesita ser acompañado por el pueblo de Dios, ese nacer de una vocación que necesita ser cuidado por todos los que estamos aquí, hoy es un momento para decir, nos necesitamos unos a otros». Una vocación que se va gestando en el diálogo y en el sí de cada uno, que «no es un sí cerrado, sino un sí que se abre, un camino que se va a empezar y que ahora necesita de toda la gente. Necesita que cuidéis, pero también que os dejéis cuidar, porque ahora empieza el discernimiento del pueblo de Dios».
«En cada una de vuestras vocaciones hay un camino que no vais a recorrer solos, uno no se hace cura solo, ni se hace cristiano solo», subrayó el arzobispo. Él incidió en que «la vocación nace del pueblo de Dios, crece con el esfuerzo de la comunidad y se sostiene con la oración de todos y con el acompañamiento de todos». Una vocación que consiste en seguir buscando con la comunidad cristiana, en custodiar y dejar que otros custodien la vocación.
Una celebración que aparece como una luz, «porque hoy podemos celebrar con el corazón abierto que Jesús está entre nosotros, que sigue suscitando vocaciones y que pide de todos nosotros el discernimiento, el cuidado y el camino». A todos los presentes les agradeció por cuidar a las vocaciones. Un gracias que extendió a «todos los que decís sí a Dios de una u otra manera».

