El 3 de febrero, ante la posible visita del Santo Padre, el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, constituyó un órgano ejecutivo de carácter temporal que asumiera la coordinación operativa de las tareas preparatorias y ejecutivas de la visita.
Los miembros son Yago de la Cierva Álvarez de Sotomayor, director técnico; Laura Moreno Marrocos, directora de Pastoral; José María Albalad Aiguabella, delegado de Economía; Fernando Giménez Barriocanal, vocal; y Paula Rodríguez Pérez, secretaria de la Comisión Ejecutiva. La presidencia fue delegada en el obispo auxiliar, Vicente Martín Muñoz, que nos explica los pasos dados en los últimos cuatro meses.
—A pocos días de la llegada del Papa León XIV, ¿cómo se ha vivido todo este proceso de preparación?
—Ha sido una preparación intensa, dura, exigente. Hemos tenido cuatro meses para organizar un macroevento de este tipo, más en nuestra Iglesia de Madrid, que va a ser el mayor periodo de estancia del Santo Padre en España. Son actos muy diferentes, tanto actos litúrgicos como actos que tienen que ver con el encuentro con la ciudadanía y la sociedad civil o encuentros con la Iglesia diocesana, con los consejos pastorales, los sacerdotes, los religiosos, las hermandades y cofradías.
—¿Cuáles han sido los retos a lo largo de este tiempo?
—Uno de los grandes retos ha sido el coordinarnos entre gente muy diferente, con la necesidad de un tiempo de ir conociéndonos, ajustándonos. También coordinar actos tan diferentes desde lo técnico: diseño y construcción de escenarios, los contenidos.
—¿En qué va a insistir la Iglesia de Madrid en esa visita del Santo Padre?
—Va a ser un momento eclesial y de comunión fundamental para la Iglesia de Madrid. El Papa viene a fortalecer la fe y la unidad. Esa es la clave. Como dice el cardenal José Cobo, nos trae el abrazo de la Iglesia y Madrid tiene que saber acoger ese abrazo con los brazos abiertos.
—¿Qué espera que la visita aporte a la archidiócesis?
—En primer lugar, una renovación espiritual y eclesial. Espero que sea una experiencia que toque el corazón de las personas para encontrarse con Cristo. Él es el que realmente transforma la vida y espero que no sea un evento más, sino un momento experiencial de fe importante.
Que sea también un revulsivo para nuestras comunidades eclesiales, los movimientos y las parroquias. Un momento para vivir todo lo que significa la sinodalidad desde la comunión, la participación y la misión, donde los laicos tengan un papel protagonista, comprometido, donde se fortalezcan los cauces de participación eclesial en las parroquias, los consejos pastorales, el Consejo Pastoral Diocesano, los consejos arciprestales, donde se abran nuevos caminos a las tareas misioneras de la Iglesia.
Al mismo tiempo, que el viaje sea un impulso en la animación y motivación de la dimensión caritativa y social de la Iglesia, para que realmente pongamos a los más pobres en el centro de nuestra vida y nuestra misión.
—¿Qué espera que aporte a la sociedad de Madrid?
—Que nos ayude a superar las tensiones y polarizaciones, a rebajar el nivel de confrontación política que está tan presente. Que sea también un momento que nos ayude como sociedad a descubrir la importancia de tender puentes. Es necesario rebajar la crispación social y política, fomentar la sana política del bien común, centrarnos en la organización de la vida social desde los grandes principios de la dignidad humana, el bien común, la solidaridad, la ética, la prioridad de los más pobres.
En una sociedad que algunos llaman del desencanto, del desasosiego, del cansancio, que la presencia del Santo Padre sea una inyección de esperanza. El Papa León XIV nos va a hablar en clave de esperanza, de que esta sociedad sigue teniendo futuro.
—¿Qué les pide a aquellos que van a participar de la visita?
—El lema es 'Alzad la mirada'. Pido que abran el corazón, que sepan mirar más allá de lo concreto, de lo inmediato, que no lo vivan como un acontecimiento más, sino como una posibilidad y una oportunidad para encontrarse con el Señor y para encontrarse también con el resto de la Iglesia.
Que nos ayude a ir construyendo ese «nosotros eclesial», pero también ese «nosotros social», que va más allá de la suma de individualidades, personalidades y personalismos.
