«No ha sido un verano fácil, en primer lugar, para las víctimas de ahogamientos en el mar. En segundo, para los ceutíes, a los que expresamos nuestra profunda solidaridad. En tercero, para los que fueron manipulados para la consecución de objetivos. Y, en cuarto, para todos nosotros, que contemplamos con estupor un escenario que amenaza con cronificarse», ha dicho Mercedes Fernández, directora del Instituto de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia Comillas, al presentar el acto sobre la Jornada del Migrante y del Refugiado que se ha celebrado durante la tarde de este miércoles en la universidad. Una bienvenida a la que se ha sumado Rufino García, delegado de Migraciones de la archidiócesis de Madrid, quien ha asegurado que las ponencias correrían a cargo de «buenos amigos».
Tras una introducción musical de Toño Casado, quien ha interpretado su canción ‘Naúfragos’ al teclado, ha tomado la palabra Fernando Redondo, director del Departamento de Migraciones de la CEE. Ha recordado que «los niños son los más vulnerables de los procesos migratorios» y que ya ocuparon la centralidad de los lemas en ediciones anteriores de esta jornada que este año lleva como título Incluso uno solo de estos pequeños. «Pone el acento en dos dimensiones de estos menores: el valor infinito que tiene cada persona y, en una época en la que se trata la migración de las cifras, el mirar a la persona concreta». «Decir que se vayan como han venido no es mirar a la persona ni valorar su dignidad», ha señalado en relación a la crisis en Ceuta.
«La mayoría de los menores que vienen a nosotros son adolescentes varones, pero está aumentando el número de niñas, lo que es preocupante porque están aún más expuestas durante el tránsito migratorio», ha detallado Redondo. Sin embargo, «todos ellos vienen con una mochila cargada de sueños porque buscan lo que no pueden encontrar en su país». Del mismo modo, el responsable de la CEE se ha hecho eco de las palabras del Papa en sus mensajes para esta ocasión llamando a «reconocer a estos adolescentes como un prójimo cercano». Lo que implica «combatir prejuicios y bulos e implicarnos en iniciativas de apoyo y acogida a estos menores».
En concreto, se ha detenido en las palabras del Papa en Arguineguín, donde «hizo una llamada a que creamos entornos acogedores que generen una cultura del encuentro y no del rechazo». Y ha recordado que el Pontífice pidió en el Congreso de los Diputados «políticas para la acogida» de estos menores.
«¿Qué lugar ocupan estos menores en nuestras prioridades pastorales?», se ha preguntado Fernando Redondo, quien ha citado además la encíclica Magnifica humanitas, donde dice León XIV: «¿Qué mundo estamos construyendo si permitimos que los niños vivan en exclusión?». Y ha valorado como «brillante» que en el epígrafe 16 de esta encíclica, el Papa se refiere a los migrantes y menores como «las piedras desechadas» al igual que en el Salmo 25. «En medio de estas sombras también hay luces, hay instituciones y comunidades que acompañan a los menores en este camino», ha concluido.

Los corredores de hospitalidad no son mensajería
Covadonga Fernández, de Cáritas Madrid, ha hablado de los corredores de hospitalidad que impulsa la entidad junto a la Mesa por la Hospitalidad de la archidiócesis. «Imaginaos un joven de 13 años de Senegal que quiere venir a Europa y, en el camino, sufre diferentes tipos de abusos, maltratos, robos… Muchas problemáticas que muchos de nosotros no seríamos capaces de tolerar», ha ejemplificado. Una vez llegado a Canarias, el joven encuentra todo tipo de rechazos que se suman a los anteriores y, a su vez, puede acogerse a los corredores de hospitalidad, «que no consisten en desplazar a las personas de un lugar a otro, no somos un servicio de mensajería», ha ironizado Fernández.
La responsable de Cáritas ha reivindicado que «estos jóvenes llegan con capacidades y nuestro trabajo consiste en conocer bien su recorrido y continuar desde ahí». «Unos necesitan aprender el idioma o abordar cuestiones documentales, pero otros necesitan incorporarse ya al mercado laboral y ya han trabajado en Canarias», ha detallado.
Siguiendo el recorrido de ese hipotético chico senegalés, Covadonga Fernández ha explicado que al llegar a Madrid los corredores de hospitalidad también buscan un alojamiento para él acompañado por un equipo de voluntarios. Se instalan entonces en recursos de Cáritas donde pueden desarrollar una cultura de lo colectivo con la entidad y otros migrantes en etapas diferentes de su periplo. «La autonomía no se construye desde un único recurso, se construye conectando oportunidades», ha reivindicado esta responsable.

«Nos jugamos la credibilidad en el compromiso»
Después, el delegado de Migraciones de la diócesis Cádiz —y, por tanto, también de Ceuta— se ha conectado al encuentro por videollamada. «En el momento de la llegada de los migrantes, organizamos una pequeña acogida para los casos de mayor necesidad y un servicio de duchas», ha revelado Sante Zanetti. Con tan solo cinco duchas y por turnos, consiguieron que pudieran asearse unas 120 personas al día. Y ha celebrado que «las mejores ayudas han venido de las personas particulares», como una vecina con una casa muy pequeña pero que «sacó un caño por la ventana» para que pudieran utilizarlo los recién llegados. También «las Hijas de la Caridad que, sin hacer mucho ruido, llegaron a Ceuta y se dispusieron en nuestros centros». O jóvenes universitarios que «renunciaron a sus vacaciones» para ayudar a los más necesitados. «Nunca tuvimos en nuestra casa un momento de tirantez o de que alguien se enojara», ha explicado.
«Como decía un santo que se ocupaba de los pobres, estamos ayudando a los migrantes con los migrantes», ha dicho Sante Zanetti, quien ha valorado que «los medios se centran en los encontronazos» y «los cristianos nos jugamos la credibilidad de nuestra fe en nuestra manera de comprometernos personalmente». Luego, analizando esos «pequeños» de los que habla el Evangelio y que dan lema a la Jornada del Migrante y del Refugiado, ha explicado que el término implica también a las personas engañadas o manipuladas aunque sean mayores y tengan estatura. Y ha concluido que «me llenan de esperanza los jóvenes, a quienes a menudo se critica, pero es de donde salen los voluntarios y trabajan a menudo con un ritmo agotador».

«La Iglesia no puede mirar a otro lado»
El obispo auxiliar Vicente Martín ha recordado las palabras de León XIV en Canarias. «Cada barca que llega no trae solo inmigrantes, trae consigo una pregunta: “¿Qué mundo estamos construyendo si tantos hermanos tienen que arriesgarse a la muerte para buscar la vida?"». Ha llamado a los presentes a «ser protagonistas en primera línea de esa acogida» y ha recordado que los obispos piden «mirar más allá de las estadísticas y de las cifras» y trascender el «cuántos llegan y cuántos suponen un coste». Sobre los migrantes ha reivindicado que «tienen dignidad, punto, no se cuestiona».
Martín ha recordado que «el interés superior del menor» es una obligación legal que «no se puede incumplir» y ante el que «la Iglesia no puede mirar hacia otro lado». «Aunque a veces nos corresponde un papel subsidiario, no podemos echar balones fuera», ha recalcado.
Por último, ha recordado que las líneas pastorales en Madrid para este 2026-2027 implican ser «una Iglesia presente en las periferias» y hacer «de la caridad una dimensión ordinaria de toda la pastoral». Eso implica «hacer visible la cercanía del Evangelio» con propuestas específicas con las personas migrantes. «Queremos que sea una pastoral prioritaria», ha señalado el obispo auxiliar. Y aunque ya hay doce parroquias y colegios que hacen turnos para la acogida de emergencia, ha señalado que «aún somos insuficientes», no solo para «acoger a los inmigrantes sino para enriquecer nuestras propias comunidades».
