Un total de 44 jóvenes participan estos días en Aguadulce en la segunda edición de la convivencia de verano de Generación Esperanza, un proyecto impulsado a raíz del documento final del Sínodo y, en concreto, de uno de los temas de estudio postsinodal centrados en la transformación que necesitan los seminarios para incorporar la visión sinodal de la Iglesia actual.
Durante estos días, los participantes —seminaristas y laicos procedentes de distintas parroquias y movimientos de Madrid— combinan formación por las mañanas con momentos de convivencia y descanso por las tardes, en un ambiente que varios de ellos describen como enriquecedor por la diversidad de realidades eclesiales que confluyen en el encuentro.
#VIDEO | Así viven la formación los jóvenes que participan en la convivencia de Generación Esperanza.
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?Una oportunidad para seguir creciendo en la fe y prepararse para servir a una Iglesia cada vez más sinodal y misionera.#GeneraciónEsperanza pic.twitter.com/5SlVb486ON
Formación de la mano de ponentes de referencia
El programa formativo ha contado con la participación de tres ponentes de peso en la vida de la Iglesia. María Lía Cervino, miembro del Dicasterio para los Obispos, ha abordado el Concilio Vaticano II a la luz de la exhortación Evangelii gaudium.
Por su parte, Lucio Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación y recientemente nombrado secretario del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, ha presentado siete claves de la encíclica de León XIV Magnifica humanitas. Completa el ciclo José Luis Segovia, Vicario Pastoral de la archidiócesis de Madrid, quien ha trabajado la doctrina social de la Iglesia a partir de esta primera gran encíclica de León XIV.

? Aguadulce acoge la II convivencia de verano de #GeneraciónEsperanza con un objetivo: «Recuperar la plenitud de la dignidad de la humanidad»
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? Participan 22 seminaristas junto a jóvenes de parroquias, movimientos y distintas realidades eclesialeshttps://t.co/idELdJgk5W pic.twitter.com/Z9NDjehgcb
La alegría del Evangelio y la riqueza de la formación
Almudena Porras, de la parroquia Santa Teresa Benedicta de la Cruz, se queda con la alegría del Evangelio como idea central de la primera charla. «Hay momentos en los que no terminamos de creer de verdad lo que profesamos, y eso hace que no vivamos de acuerdo con aquello en lo que decimos creer», explica, y reconoce que a veces los cristianos «parecemos tristes» en lugar de vivir esa alegría de verdad.
La joven también subraya el descubrimiento personal que le han supuesto las otras ponencias, al tomar conciencia de una carencia de formación en torno a los documentos de la Iglesia y de la riqueza de textos y estudios que desconocía hasta ahora. De la última charla, dedicada al perdón, destaca la importancia de saberse antes perdonado por Dios como hijo suyo para, a partir de ahí, poder perdonarse a uno mismo y al prójimo.
Sobre el desarrollo de la convivencia, Porras valora positivamente la combinación de perfiles: «Combina bastante bien distintas realidades de las parroquias de Madrid, tanto seminaristas como parroquias, veo mucha diversidad y que enriquece». Y resume el día de hoy como «un plan perfecto», con formación por la mañana y tiempo para la playa por la tarde y ver juntos el partido España-Austria del Mundial.

«Hay mucha gente que necesita a Cristo y no lo sabe»
Harold Ureña, seminarista de primer curso, se queda con dos ideas de las charlas de María Lía Cervino y de José Luis Segovia: la necesidad de reconocer a Cristo en la vida de tantas personas que no lo saben, y el reconocimiento de esa presencia en los pobres. Recuerda una imagen empleada por Segovia, la de la piedra que desecharon los arquitectos convertida en piedra angular, para referirse a los pobres como aquellos a los que muchas veces se pasa de largo sin verdadero sentimiento hacia ellos.
Ureña reflexiona también sobre la tentación de acomodarse en la propia parroquia, movimiento o carisma, olvidando que «fuera hay mucha gente que necesita a Cristo y no lo sabe». A su juicio, muchas personas cercanas parecen felices, pero les falta Cristo para alcanzar la verdadera felicidad, mientras que quienes sufren y viven en la pobreza son, en su experiencia, «mucho más santas» por el amor auténtico que transmiten.
Preguntado por su llamada concreta como seminarista, apunta a centrarse en esas personas que la sociedad descarta, acompañarlas y aportar lo que esté en su mano, «un vaso de agua o lo que sea», para ser alegría del Evangelio de Cristo. La imagen de la piedra angular le ha dejado, además, preguntas de fondo anotadas en su cuaderno: por qué se ha dejado de sentir dolor ante la guerra, ante el sufrimiento de una persona mayor o ante quienes duermen a la intemperie, como ocurre en Madrid en invierno.

Una visión de la persona en toda su complejidad
Andrea Ramírez, del Grupo Horeb de Jóvenes Madrid, destaca el conjunto de las tres charlas y, en especial, la visión que la Iglesia tiene del ser humano como persona completa, una mirada que ha evolucionado con el tiempo junto a la propia sociedad. Le llama la atención que la Iglesia, que en otros momentos históricos ha ido por detrás de la sociedad, en la actualidad se sitúe en algunos ámbitos —como el de la inteligencia artificial— a la cabeza en la defensa de la dignidad humana.
Como psicóloga, Ramírez subraya que la Iglesia se abre cada vez más a considerar a la persona no solo como un ser espiritual, sino como alguien con múltiples dimensiones. Sobre la experiencia de la convivencia, valora especialmente la dimensión comunitaria: «Aparte de la formación, que está muy bien, también la comunidad, el hacer amigos o conocer a gente de otras circunstancias distintas a la tuya».

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➡️Seminaristas y jóvenes de parroquias, movimientos y realidades eclesiales comparten unos días de formación para seguir profundizando en una Iglesia con estilo sinodal. pic.twitter.com/n71nr6EPLS
Justicia restaurativa y perdón, la charla que más ha tocado los corazones
Omar Dávila, seminarista de cuarto curso, señala la charla de José Luis Segovia sobre la justicia restaurativa como la que más le ha marcado, por conectar con una experiencia familiar de dolor: la muerte de su hermano. «Nosotros hemos pasado por ello, pero veo que hay gente que no puede pasar por ello», relata, subrayando que el modo en que se compartió el testimonio «toca el corazón de todos» y no deja a nadie indiferente.
Dávila reconoce que la charla le ha interpelado también en su propio proceso de perdón hacia personas a las que aún no ha logrado perdonar del todo, pese a habérselo pedido al Señor, y valora el testimonio recibido como una ayuda para llevar esa cuestión a la oración.
Con estos testimonios, los jóvenes de Generación Esperanza continúan estos días en Aguadulce su itinerario formativo y de convivencia, en el marco de un proyecto nacido del proceso sinodal que busca acompañar la renovación de los seminarios desde una visión sinodal de la Iglesia.
