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Jueves, 04 noviembre 2021 12:29

El arzobispo destaca la «audacia y fortaleza» de los santos que forman la Ruta de la Santidad

El arzobispo destaca la «audacia y fortaleza» de los santos que forman la Ruta de la Santidad

En 2014, cuando el entonces obispo Carlos Osoro llegó a Madrid como nuevo arzobispo y vio «tanta presencia de santos», pensó que igual que había «rutas para todo», era «bueno» que se estableciera una de santos. La exhortación apostólica Gaudete et exsultate del Papa Francisco, publicada cuatro años después, sobre la llamada a la santidad en el mundo actual apuntaló el proyecto. Este miércoles, 3 de noviembre, muy cerca de la celebración de Todos los Santos, este deseo del ya cardenal Osoro se vio cumplido al inaugurar la Ruta de la Santidad, una peregrinación a los sepulcros de ocho santos enterrados en la diócesis de Madrid.

La jornada comenzó en la colegiata de San Isidro, donde se venera al santo patrón de Madrid, san Isidro Labrador, y a su esposa, santa María de la Cabeza. Allí, la delegada episcopal de Jóvenes, Laura Moreno, presentó la ruta, que está abierta a todo tipo de grupos, movimientos y parroquias, pero pensada especialmente para los jóvenes. Desde allí, el arzobispo, acompañado también por el delegado episcopal para las Causas de los Santos, Alberto Fernández, y un grupo reducido de jóvenes, se fue trasladando a los lugares que custodian a los santos que forman parte de la ruta: Carmen Sallés, Vicenta María López Vicuña, Soledad Torres Acosta, José María Rubio, Alonso de Orozco y Pedro Poveda.

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La jornada se clausuró, ya por la tarde, en Los Negrales, donde reposa precisamente san Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana. El arzobispo de Madrid presidió una Eucaristía, propia del santo, en el altar bajo el que reposan, en un arcón de madera, sus restos. Allí se trasladaron desde la capilla contigua cuando fue canonizado por el Papa san Juan Pablo II en 2003, en la plaza de Colón en Madrid. De este «hombre excepcional por muchos motivos», el cardenal destacó dos cualidades que eran las que recogía la oración colecta, y que aplicó a todos los santos en general, los que forman parte de la ruta y los que son, como llama el Pontífice, santos de la puerta de al lado: audacia y fortaleza. «Audacia para anunciar el Evangelio y fortaleza en la confesión de la fe».

«En un mundo en el que a veces las esperanzas son raquíticas –aseguró–, la esperanza es lo que podemos ofrecer». Y se hace a través de rostros concretos «que han hecho un seguimiento radical de Jesucristo». Así lo recordó el arzobispo durante la homilía, y añadió: «Necesitamos de testigos que, porque han seguido a Cristo, son válidos para cualquier momento». Ellos supieron, en su apostolado, «darle genialidad a esas circunstancias que estaban viviendo», impregnar de Evangelio su época y sus culturas, porque «el Evangelio conforma, da orientación, da hondura y profundidad a la cultura».

En esta época de cambio histórico, el prupurado animó a, como los santos, acoger la cruz de Cristo «dando la vida, no guardando nada». A su vez, invitó a ser sal «para dar un sabor nuevo y necesario, el del Evangelio», y luz para el mundo. Una luz que no se esconde, dijo, «y por eso esta ruta es para no esconderla; igual que hay folletos para decir dónde se come bien, tenemos que mostrar también que en esta ciudad ha habido cristianos que han sido capaces, con su vida, de mostrar una luz, la de Cristo».

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490 beatos y 90 procesos abiertos

La Ruta de la Santidad pasa por los siguientes puntos:

  • Colegiata de San Isidro (Toledo, 37). San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza (s. XII). Matrimonio santo, él es el patrón de Madrid. Hombre sencillo, dedicado a su trabajo como labrador en las tierras de su amo, a su familia y a la caridad, con una profunda vida de piedad. En Madrid se conservan muchos vestigios de su vida, como la cuadra en la que guardaba los animales o el pozo al que cayó su hijo Illán y del que se salvó milagrosamente porque, tras la oración de sus padres, el nivel del agua comenzó a subir hasta llevarlo a los brazos de su madre.
  • Religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza (Princesa, 19). Santa Carmen Sallés (Vic, Barcelona, 1848 – Madrid, 1911). Tras romper un compromiso de matrimonio, ingresó en las adoratrices, dedicadas a rescatar a mujeres del mundo de la delincuencia y la prostitución. Pero rápido vio su llamada a la educación preventiva anterior a esa situación y la importancia de la cultura para que la mujer ocupe su puesto en la familia y en la sociedad. Fundó la Congregación de Religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza en 1892, que continúan dedicadas a la educación por el mundo entero. Fue canonizada por el Papa Benedicto XVI en 2012.
  • Religiosas de María Inmaculada (Fuencarral, 97). Santa Vicenta María López Vicuña (Cascante, Navarra, 1847 – Madrid, 1890). En 1876 funda en Madrid la Congregación de Religiosas de María Inmaculada, entregada a mujeres jóvenes en situación de precariedad y abandono social que habían emigrado del campo a la ciudad. «Que sean semilla de Evangelio en las familias donde trabajan», escribía. Soñaba con «ocuparme mientras viva de estas pobres jóvenes» y con que amaran «su dignidad de hijas de Dios». «Lo que sí quiero hacer, Dios mío, es trabajar sin descanso en procurar que estas jóvenes vivan bien y se salven». Hoy cuentan con residencias, centros educativos y centros sociales.
  • Siervas de María Ministras de los Enfermos (plaza de Chamberí, 7). Santa Soledad Torres Acosta (Madrid, 1826-1887). Fue iniciadora de la Congregación de las Siervas de María Ministras de los Enfermos, nacida para atender a enfermos sin recursos en sus domicilios y prepararlos, en su caso, para una buena muerte. Siempre, como decía ella, «con la sonrisa en los labios y la humildad en el corazón». Fue canonizada en 1870 por el Papa Pablo VI. En pandemia, las siervas de María han continuado infatigables su atención a los enfermos.

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  • Parroquia San Francisco de Borja (Maldonado, 1). San José María Rubio (Dalías, Almería, 1864 – Madrid, 1929). Fue canonizado en 2003 por el Papa san Juan Pablo II. Conocido como el apóstol de Madrid, este jesuita fue profesor varios años del seminario, pero también pastor para su pueblo. Dedicó su vida al acompañamiento espiritual, a la confesión, a la predicación y a la promoción de los jóvenes y los desfavorecidos. Acostumbraba a decir: «Hacer lo que Dios quiere, querer lo que Dios hace».
  • Comunidad de Agustinas (Granja, 9). San Alonso de Orozco (Oropesa, Toledo, 1500 – Madrid, 1591). Agustino, entró en la orden a los 22 años, siendo ordenado sacerdote posteriormente. Asceta y teólogo, maestro de oración y atento a las necesidades de los pobres, fue uno de los escritores más fecundos de la orden agustiniana. Además, fundó numerosos conventos de agustinos y agustinas. El Papa san Juan Pablo II lo canonizó en 2002.
  • Centro de Espiritualidad Santa María de Los Negrales (San Pedro Poveda, 2, Los Negrales). San Pedro Poveda (Linares, Jaén, 1874 – Madrid 1936). Sacerdote, pedagogo y fundador de la Institución Teresiana, fue canonizado en 2003 por el Papa san Juan Pablo II. Habiendo pasado sus primeros años como cura en contacto directo con la vida precaria de los habitantes de las cuevas de Guadix (Granada), propuso un plan nacional de renovación educativa centrado en la promoción del maestro y de la escuela primaria. Murió fusilado en Madrid a los diez días de comenzar la guerra civil. «Hay que demostrar con los hechos que somos discípulos de Jesús, orando por los enemigos y haciéndoles el mayor bien que podamos, que es rezar por ellos», escribió poco antes (en la imagen inferior, objetos suyos personales conservados en Los Negrales; entre ellos, el calendario que había en su casa cuando lo detuvieron, abierto por julio de 1936).

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Junto a estos santos, se incluye la iglesia de la Concepción Real de Calatrava, las Calatravas (Alcalá, 25), en la que se venera la memoria de todos los santos y beatos mártires del siglo XX en Madrid. Muchos de ellos componen el grueso de los 490 beatos que hay en la diócesis. Además, están en marcha más de 90 procesos de beatificación y canonización.

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