Sábado Santo, y toda la Creación acompañaba la noche más santa del año. El fuego estaba en el atrio de la catedral de la Almudena, preparado para encender el Cirio Pascual, que este año llevaba impreso un icono de Jesús Resucitado ante María Magdalena.
«Santifica este fuego», rezaba la liturgia el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid. Con él se encendería el cirio, signo de Cristo Resucitado, luz del mundo, «ayer y hoy, principio y fin», que después ha sido marcado mientras el cardenal Cobo oraba: «Por sus llagas santas y gloriosas nos proteja y nos guarde Jesucristo nuestro Señor».
La liturgia de la luz concluía con el Pregón Pascual, el himno que convoca a la Iglesia a celebrar esta noche santa en que Cristo ha vencido a la muerte: «Necesario fue el pecado de Adán que ha sido borrado por la muerte de Cristo; feliz la culpa que mereció tal Redentor».

Las maravillas de Dios
La segunda parte de la Vigilia Pascual recorría la historia de la salvación, las maravillas que Dios ha realizado desde antiguo. Dios es fiel y nunca ha abandonado a su pueblo, y así, resonaban en la catedral la creación del hombre; la fe de Abrahán, padre de todas las naciones; la liberación de Moisés del pueblo de Egipto; y la profecía de Ezequiel, «arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne».
El Gloria, cantado solemnemente mientras repicaban las campanas, volvía a llenar de alegría esta noche de máxima solemnidad. Y daba paso al Nuevo Testamento, con san Pablo, «quien vive, vive para Dios», y al solemne Aleluya, retomado en esta noche santa después de la supresión durante la Cuaresma.

El Pueblo de Dios congregado en la catedral de la Almudena
Como sucedió el Jueves Santo y el Viernes Santo, en la catedral se congregaban de nuevo multitud de fieles. Entre ellos, en lugar destacado, los nueve catecúmenos que iban a recibir los sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía): Ana, Juan, Marta, Ricardo, Jonathan, Carla, Noel, Ane y Jolie. «Caminad siempre como hijos de la luz», proclamaba la liturgia.
Además, habían acudido hermanos del Camino Neocatecumenal, de la quinta comunidad de la parroquia Santa Catalina Labouré, la segunda comunidad de La Merced y la cuarta comunidad de El Tránsito, que han acabado esta Cuaresma su itinerario catequético y esta noche renovaban de forma solemne sus promesas bautismales.

La celebración estaba presidida por cardenal José Cobo, acompañado del obispo auxiliar de Madrid Vicente Martín, y el obispo emérito de Almería, Adolfo González Montes. Asimismo, y como es tradición en una muestra de fraternidad ecuménica, estaba presente el arzobispo ortodoxo Bessarion, metropolita de España y Portugal.
El altar estaba vestido con paño de encaje y frontal del siglo XVIII, de lamé plata bordado en oro, con la representación del Cordero con el Libro de los Sellos en el centro.

Pueblo convocado
«Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea», ha comenzado el arzobispo de Madrid su homilía, tomando palabras del Evangelio proclamado. Y ha añadido: «Si esta noche estamos aquí, queridos hermanos, no es por casualidad». Aunque no se sepa explicar bien el porqué, ha manifestado, lo cierto es que «hay una llamada».
Dios actúa, y lo hace en lo escondido, ha manifestado, «abre caminos en nuestras vidas donde parecía no haberlos». Los que estaban esta noche de la Vigilia Pascual en la catedral «hemos venido a reunirnos como hermano», con una vinculación profunda: «Somos un pueblo convocados por el mismo Señor».

Movidas por el amor
Las mujeres que fueron al sepulcro aquella mañana de Pascua para terminar de adecentar el cuerpo de Jesús los hicieron «movidas por el amor», ha señalado el arzobispo de amor. Y ese amor «es la pequeña grieta que Dios aprovecha; donde hay amor, allí está Dios actuando con poder». Así, «ninguna entrega que hagamos es inútil».
Y Cristo resucita «hoy, aquí, delante de nosotros, en esta grieta de amor que cada uno hemos abierto al decir sí a la Pascua». Todo lo que cada uno ha ido poniendo en la Cruz adquiere en esta noche santa todo su sentido, ha subrayado el cardenal Cobo. «Y lo descubrimos de un modo especial ahora que estamos juntos».

Ha merecido la pena
Con su entrega, ha destacado el arzobispo de Madrid, «Dios lo ha apostado todo por cada uno de nosotros; no por una multitud anónima, sino por ti». Y Jesús «mirará a todos nosotros, con nuestras historias, y dirá al Padre: “Sí, ha merecido la pena, porque están juntos en medio de la oscuridad”».
«Somos hijos, pueblo, ofrenda viva», ha afirmado el cardenal Cobo en otro momento de la homilía, «consagrados desde el Bautismo». «Tú eres un regalo de Dios», y «juntos sois un regalo de Dios». Asimismo, «llevamos la huella de Cristo, nuestra vida es sagrada, tiene valor y sentido porque Jesús nos ha abrazado, nos ama, cuenta con nosotros».
En la Pascua, «Dios pasa por nosotros» y se queda «en aquellos que han pasado por la cruz». «Cristo se queda en cada herida», ha concluido.

Las celebraciones en la catedral de la Almudena continúan el domingo 5 de abril con la Misa del Domingo de Resurrección, a las 12:00 horas.
