Se cumplen este 2026 cien años del regreso de la Virgen de Atocha a su basílica, y por esta razón las celebraciones de este primer fin de semana de octubre serán más especiales si cabe. El cartel que anuncia la efeméride refleja lo extraordinario de aquella ocasión.
Efectivamente, aquel primer sábado de noviembre de 1926, la villa de Madrid amaneció expectante. La Virgen de Atocha, «la devoción más antigua y patrona de Madrid» —como reconoce un breve pontificio con motivo de su coronación canónica—, regresaba a su sede después de haber permanecido un tiempo en la parroquia del Buen Suceso, en el madrileño barrio de Argüelles, iglesia de protección real.
Se restituía el culto en su lugar primitivo, y allí la recibía con solemnidad el rey Alfonso XIII junto a su madre, la reina María Cristina de Habsburgo.
Las carrozas de la Casa Real trasladaron la pequeña talla —apenas un metro de alto en madera oscura policromada, del siglo XIII— y se recuperó para ese día una «tradición antiquísima», en palabras de Julián del Castillo, presidente de la Real Archicofradía del Rosario de la Virgen de Atocha, que era que «cuando el rey la reclamaba [para presentarle alguna petición especial, por ejemplo] iba a las Descalzas Reales».
Así, ese día, la Virgen salió de Argüelles, fue a las Descalzas y atravesó la Puerta del Sol hacia la calle Atocha. «El camino natural desde la Villa hasta el santuario era por la calle Atocha —continúa Del Castillo— y, desde la calle Mayor, había diferentes ermitas que son las iglesias de hoy: Santa Cruz, San Sebastián, San Nicolás…».

Enjoyada como una reina
La imagen lucía más bella que nunca. Las gentes de Madrid que salieron a verla pudieron apreciar el excepcional manto, en terciopelo rojo bordado, regalo de la reina Isabel II en agradecimiento por haber salido ilesa del intento de asesinato perpetrado por el cura Merino.
El manto había sido confeccionado con el traje que la soberana llevaba aquel día, cuando precisamente se dirigía a darle las gracias a la Virgen de Atocha por el nacimiento de su primera hija, la infanta Isabel de Borbón y Borbón, que popularmente se conoció como La Chata.
Totalmente ilesa de aquel suceso, la reina lo atribuyó a la intervención de la Virgen de Atocha y le regaló lo que llevaba en dicho instante, incluidas las joyas, topacios y diamantes del Brasil, con las que se que hicieron corona y rostrillo para la Virgen, y coronita para el Niño.

Aniversario
Cien años después, Madrid se prepara para conmemorar a la Virgen de Atocha de manera solemne, coincidiendo con el centenario de este traslado. La parroquia está ya engalanada con estandartes con los misterios del rosario y los reposteros que se fabricaron en el siglo XIX, cuando se la nombró basílica.
Los devotos se han estado preparando con la novena para el día grande de la fiesta, el domingo 4 de octubre. Ese día se celebrarán Eucaristías a las 9:30 y 20:00 horas. La Solemne Eucaristía, a las 12:00 horas, estará presidida por fray Juan Carlos Cordero de la Hera, OP, prior del Real Convento de Nuestra Señora de Atocha.
Además de la tradicional ofrenda de velas (imagen principal), como novedad este año, la procesión con la Virgen de Atocha por las calles del barrio se traslada de la tarde a la mañana, a las 12:00 horas, «para facilitar la afluencia de los fieles».
Como es tradición en los últimos años, la Virgen saldrá exenta de ropajes, esto es, en su talla original, con un exorno floral, eso sí, acorde a la gran festividad. La única licencia que usa para procesionar es el resplandor que lleva tras Ella, que «le aportan más luminosidad». Y, como siempre, irá acompañada de santo Domingo de Guzmán, por el ser el patrón de los dominicos (imagen inferior, una talla suya de Salvador Carmona y la pila bautismal donde recibió el Bautismo, en una de las capillas de la basílica).

«Nuestra Madre está ahí siempre»
Fray Juan Carlos (imagen inferior, juntos a Del Castillo) sitúa cómo acercarse a este día de fiesta desde el corazón cristiano. «Esta es una ocasión hermosa para volver a acercarnos a María de Nazaret, a la Madre de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, el Señor».
Ella, recuerda, es también «nuestra Madre», y está «ahí siempre, esperándonos, acogiéndonos, escuchando nuestras cuitas y siempre mostrándonos a su Hijo». Por eso, «es la que mejor nos puede conducir a seguir a Jesús, a cumplir su voluntad».
Y así, «no nos deja solos», y el día de su fiesta «sale a la calle para mostrar todavía más su cercanía con todos, con los que vienen y los que no, para decir “Aquí estoy, hijos míos”». «La fe de los cristianos —concluye—, se fundamenta en la fe de María, en el sí de María».

Una devoción milenaria
El primer documento en el que aparece referenciada la Virgen de Atocha es un escrito del siglo XII que se conserva en la catedral de Toledo. Después, en las Cantigas de Alfonso X el Sabio (siglo XIII), donde se hace referencia directa a dos milagros de «Nuestra Señora de Tocha de Madride».
Aunque su origen, en realidad, se situaría en los comienzos del cristianismo si se atiende a una de las leyendas que hay sobre esta devoción, según la cual fue tallada por el mismísimo Nicodemo, policromada por san Lucas y traída a la península por los discípulos de san Pedro desde Antioquía.
Hay otra más cercana en el tiempo, cuando la ocupación musulmana, que tiene como protagonista a Gracián Ramírez, un principal de Madrid que acudía con mucha frecuencia a rezar ante una imagen de la Virgen que había a orillas del Manzanares. Una noche, la imagen desapareció, encontrándola el caballero tiempo después en la zona donde actualmente está la basílica. Al ser terreno donde predominaban las atochas —planta sencilla y humilde—, la imagen pasó a llamarse Nuestra Señora de Atocha y quedó resguardada en una pequeña ermita mandada construir por Ramírez.
Sea como fuere, en 1523 los dominicos llegan a la primitiva ermita y establecen un convento con capacidad para más de 100 frailes y un hospital de peregrinos, lo que da idea de la extendidísima devoción que ya se le profesaba por aquel entonces a la Virgen de Atocha, considerada la «primera y más antigua patrona de esta imperial villa de Madrid». Cuentan que, en tiempos, se llegó a derrumbar el techo de su capilla de la cantidad de exvotos que las gentes le llevaban.

El templo actual
A Madrid le llamaban la «Roma chica» por la cantidad de iglesias que había, pero a finales del siglo XIX a la corte le faltaba una gran basílica. «A Alfonso XII todo se le quedaba pequeño», destaca el presidente de la archicofradía.
Iniciados ya por entonces los trabajos de la catedral de la Almudena, y teniendo en cuenta la estrecha relación entre la monarquía española y la imagen de la Virgen de Atocha, en 1890 el rey lanza a concurso el proyecto de la construcción de un gran templo para acoger a la que se ha llamado «más antigua patrona de Madrid». El anterior había tenido que ser demolido a causa de su lamentable estado, después de la Guerra de la Independencia de 1808 y la desamortización de 1834.
Ganó el concurso Fernando Arbós, quien ya había levantado la parroquia de San Manuel y San Benito, frente al Retiro, y que diseñó un ambicioso edificio neobizantino del que solo se llegó a construir el campanile y el hoy Panteón de Hombres Ilustres, que iba a ser el claustro de la basílica. La falta de fondos y la guerra civil arruinaron los trabajos.

Mientras duraban las obras, los dominicos, con presencia en Atocha y custodios de la devoción a la Virgen desde hace 500 años, piden permiso para construir una pequeña basílica en la huerta del convento, que se inaugura en 1926. Iba a ser algo temporal y sencillo.
Y es entonces cuando se produce el solemne traslado de la talla de María. A partir de este momento, «no solo se restituye el culto; también la comunidad de dominicos y la devoción del pueblo», afirma Del Castillo. «Es tal el culto, que se recibe de Roma, a petición del propio Alfonso XIII, la concesión de la coronación canónica».
Era el año 1930, y comenzaron los preparativos para una gran celebración de coronación, que se fijó para el 15 de agosto de 1931. Pero la proclamación de la II República, ese mes de abril anterior, dejó todo parado. No obstante, la coronación es efectiva, y por tanto la Virgen de Atocha es la primera imagen mariana coronada en Madrid, anota el presidente de la archicofradía.

Toisón de Oro
Nuestra Señora de Atocha fue proclamada protectora de la Familia Real y de la Monarquía española en 1643 por Felipe IV, uno de sus grandes devotos. De ahí la estrecha relación con príncipes y reyes y la tradición de que cuando se casan, las novias reales le lleven el ramo a la Virgen o presenten a sus infantes o príncipes al nacer.
Así ha sucedido hasta la fecha. Los Reyes Felipe VI y Letizia acudieron tras su boda para llevarle el ramo de novia a la Virgen, y sus niñas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, han sido puestas también bajo su protección.
La Virgen ha sido condecorada con el collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro, concedido por el rey Felipe IV y la banda y la Gran Cruz de Carlos III, otorgada por el rey Fernando VII.

