Avanzaba el Santo Padre por el pasillo central de la catedral de la Almudena, al terminar el acto de oración y la entrega de la Rosa de Oro a la patrona de Madrid, y arrancaba el toque de tambores en el Bernabéu para acompañar a las imágenes de Santa María la Real de la Almudena y el Cristo de Medinaceli en procesión por el terreno de juego.
Era una de las grandes apuestas del evento que reunió a más de 70.000 personas en el estadio en la gran fiesta de la diocesaneidad de Madrid, todas ellas provenientes de las diócesis de Madrid, Getafe y Alcalá.
La patrona de Madrid y el Señor de Madrid presidían el último gran acto multitudinario del Papa León XIV en Madrid. Para la ocasión, la Hermandad de Jesús El Pobre y la Archicofradía de Jesús de Medinaceli habían aunado esfuerzos. Los primeros llevaban a la Virgen en el paso de procesionar de María Santísima del Dulce Nombre en su Soledad, la titular mariana de El Pobre, llevada por sus anderos.

Los segundos sacaban al Cristo portado por sus hombres y mujeres de trono. Y unos y otros lucían túnicas blancas encargadas para la ocasión con el logotipo y el lema de la visita apostólica del Papa a España y sus escudos de hermandad correspondientes.
La Virgen de la Almudena salió vestida, igual que cuando es llevada en procesión el día de su fiesta, 9 de noviembre, por las calles de Madrid. En esta ocasión se le puso el manto de Isabel II. Realizado por las hermanas Girart, bordadoras oficiales de la reina, fue un regalo de la monarca a la patrona de Madrid con motivo del nacimiento de su hija Isabel, La Chata. Está hecho en seda blanca matizada con bordado en oro.

Su cabeza estaba tocada con la corona de procesionar, un juego hecho gracias a una donación anónima, muy lucida y cómoda de colocar. A ambos lados de la imagen se habían colocado dos grandes cirios, tal y como estaba cuando apareció en la muralla del antiguo Madrid, en los que aparecían impresas las imágenes de san Isidro, patrón de la ciudad, y de su esposa, santa María de la Cabeza.
El santo labrador también tenía presencia destacada en el paso, ya que se incorporaba una imagen suya de plata. Además, en los cuatro faroles en cada esquina del paso iban también cirios en los que se habían grabado los escudos de todas las hermandades de pasión de Madrid.
Y para embellecer a la Virgen más si cabía se había dispuesto un exorno floral estaba compuesto fundamentalmente por claveles y nardos, típicamente madrileños.

Túnica regia del Señor de Madrid
El Señor de Madrid, por su parte, hizo su aparición esplendoroso, con la túnica regia en terciopelo de seda color púrpura bordada en los talleres de la Casa Real en oro con motivos vegetales enmarcando los atributos de la Pasión, donada por Francisco de Asís, esposo de la reina Isabel II.
Además, llevaba una corona de espinas en oro y escapulario de esmalte y piedras preciosas. Igualmente, portaba la medalla de la Comunidad de Madrid de la encomienda de número y la medalla de la ciudad de Madrid. Y para la ocasión, estrenó cordones en oro y cuello en encaje de bolillos.

