La visita del Papa León XIV ha mostrado la polifonía de la Iglesia que camina en Madrid, como él mismo señaló en el Bernabéu: jóvenes, niños, familias, vida religiosa, clero, laicos comprometidos y mayores, que han acompañado al Santo Padre en toda su estancia en Madrid mostrando su entusiasmo en las calles, participando de la Eucaristía o poniendo sus dones al servicio para que cada peregrino pudiera tener su encuentro personal con Jesucristo.
Marisol Tormo tiene 85 años, es viuda desde hace 35 y tiene cinco hijos, nueve nietos y una biznieta. «Feliz y contenta», dice, enérgica, resumiendo su vida. Marisol está integrada en la parroquia Nuestra Señora de Altagracia y en Vida Ascendente, donde aprenden a mirar su realidad a la luz del Evangelio.
«Los mayores todavía tenemos muchas cosas que decir», apunta cuando le preguntamos por su vida en la Iglesia. «Que no produzcamos no quiere decir que no podamos aportar». «Somos pilares en la Iglesia» y, por eso, «que no nos aparten». Sí, continúa, los servicios sociales se preocupan «de que estemos bien cuidados, bien atendidos», pero también es importante que se ocupen «de la fe de los mayores».
Marisol, que en el encuentro diocesano en el Bernabéu pudo ver pasar al Papa muy cerca de ella, continúa explicando que «los mayores somos con los que la Iglesia puede contar siempre: somos los que tenemos tiempo para cuidar las flores, lavar los corporales, ir antes de las Misas y preparar las cosas, si se ha caído algo, barrerlo, estar atentos a lo que pasa alrededor…». «Los mayores sustentan la fe, y la economía, también».
Y ve un reto, que es el de llegar a los que no bajan a la parroquia: «Que tengamos la preocupación de llegar a los que no llegan a nosotros».

Foto: Luismagan
Ministra extraordinaria de la Comunión
Marisol ha vivido la visita del Papa a Madrid de una manera muy especial. Fue ministra extraordinaria de la Comunión en la Misa del Corpus en Cibeles. Se lo propuso su párroco. Sabía que tenía que madrugar mucho y que caminar, pero «me tomaré un paracetamol» y listo.
La mañana del domingo 7 de junio, los ministros de la Comunión participaron de la Eucaristía a las 8:00 en las parroquias eucarísticas que se instauraron en las inmediaciones de Cibeles. En esas Misas se consagraron las formas que se iban a distribuir después en la que presidió León XIV. A Marisol le tocó la basílica de Jesús de Medinaceli y repartir la Comunión en Neptuno. Le impresionó el respeto de la gente por la Eucaristía.
También le ha impresionado, en general de la visita, la cantidad de jóvenes que ha visto y que «no ha pasado absolutamente nada; han estado fantásticos, demostrando que tienen fe». Y de León XIV, se queda con su discruso «atrevido» en el Congreso de los Diputados: «Que la vida es lo más importante que tenemos, el tesoro más preciado, y tenemos que cuidarla, desde la concepción hasta el final». Está feliz con la experiencia en general: «Es de los trenes últimos que voy a coger». (Imagen inferior, parroquia eucarística de San José).

«Testimonio de la presencia y la permanencia»
A Antonio González lo encontramos en medio de una de sus sesiones matinales de bicicleta por la Casa de Campo. Tiene 74 años para 75, maestro jubilado, que vino a Madrid de su Cuenca natal a buscar trabajo y encontró una esposa, una parroquia, una comunidad…
Estuvo presente en la inauguración, hace 51 años, de la parroquia Santa María de la Fe, con el cardenal Tarancón. El nuevo templo lo consagró el cardenal Rouco años después, y el año pasado celebraron los 50 años con el cardenal Cobo. Antonio se casó allí, bautizó a sus hijos. En la parroquia «nos han acompañado, educado; hemos tenido sacerdotes buenísimos que nos han formado como laicos comprometidos y libres».
Encontró a la Iglesia a la que le ha dedicado su vida, siendo catequista, monitor de campamentos, formando parte del consejo pastoral —ahora del Económico—, en Cáritas… «Este año hemos ido a 13 colegios, públicos y privados, y a dos parroquias, en campañas de comunicación y sensibilización». Además, durante 18 años ha formado parte del Apostolado Seglar. «Me siento muy afortunado de estar en la Iglesia».

Á. Pérez Meca/EUROPA PRESS
Ahora, cuando ya cuenta vida a sus espaldas, señala lo que los mayores como él aportan a la Iglesia: «Los mayores son testimonio de la presencia y la permanencia; aportan estar, permanecer, acompañar a hijos y nietos, rezar».
Antonio estuvo también presente en el Bernabéu, «a tres metros del Papa» durante todo el acto. «Se le veía que tenía ganas de escuchar, de estar con los cristianos», afirma, en general del viaje, por eso destaca «su proximidad». No es un hombre «de titulares de prensa, porque ya en sí el discurso entero lo es».
Le ve una persona «muy reflexiva, muy meditada, de mucha fe, de mucha confianza, entregado, inteligente, que habla claro sin ofender a nadie». Y destaca el diálogo que ha establecido con toda la sociedad civil.

Á. Pérez Meca/EUROPA PRESS
