El Papa León XIV visitará a la Virgen de la Almudena el lunes 8 de junio como parte de su viaje apostólico a Madrid. Será la primera vez que lo haga como Pontífice, pero lo cierto es que Robert Prevost ha acudido en más ocasiones al primer templo de Madrid (imagen principal).
La más destacada fue con motivo de la canonización de Alonso de Orozco, agustino, que murió en Madrid —en el convento agustino que existía en el actual edificio del Senado— y cuyos restos mortales descansan en la capilla del convento de las agustinas contemplativas que lleva su nombre, en la calle La Granja de Madrid.
Recordamos con Joaquín Martín Abad, canónigo de la catedral, esta visita del Papa. «Vamos a decirle algo a la Virgen», saluda cariñoso a la Almudena nada más entrar en el templo. Después, sentados a los pies de la talla de la Virgen de la Almudena que se saca en procesión, va desgranando su estrecha relación con los agustinos y sus impresiones sobre el actual Pontífice.
A Martín Abad le pidieron un librito sobre la vida del agustino Anselmo Polanco con motivo de su beatificación en 1995. A partir de entonces, Fernando Rojo, postulador general de los agustinos, que vive en Madrid, le encargó más vidas de los santos y beatos de la familia agustiniana. Así, cuando iba a Roma, Martín Abad se hospedaba en la Curia General de la congregación. «Desde 1985 hasta 2001», puntualiza.

Precisamente el 14 de septiembre de 2001, precisamente el día de su cumpleaños, Robert Prevost fue elegido prior general de los agustinos. Unos meses después, en mayo de 2002, fue la canonización de Alonso de Orozco. Coincidieron con esta ocasión Martín Abad y el actual Pontífice en varias ocasiones: en la Misa de canonización en San Pedro; en una Misa de acción de gracias con agustinas en la parroquia San Gregorio VII de Roma, que presidió el entonces arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Varela (imagen superior); y, después, en Madrid, el 19 de septiembre, fiesta litúrgica del nuevo santo.
Aunque no ha sido la única visita de Prevost a la catedral de Madrid, la de ese 2002 fue especial, y de ella quedó constancia gráfica. El actual papa se hizo una foto ante la urna de san Alonso, que se situó bajo el altar.

«Hombre educado y con mucho sentido del humor»
Martín Abad define al papa León XIV como un hombre «educado, recatado y con mucho sentido del humor». Gran conocedor de san Agustín, hizo la tesis en Derecho Canónico sobre el gobierno de la comunidad local según san Agustín. «Este Papa da, incluso en su lema, el carisma de san Agustín a la Iglesia».
Ante la venida del Papa, de la que «España tiene ganas», el canónigo recomienda «abrir el corazón para la escucha de su palabra, y la mirada para ver sus gestos». E invita a acudir a los actos: «Estoy convencido de que el hecho de reunirnos, no solo para estar con el Papa, sino también unos con otros, será una manifestación pública de fe y de comunión expresada visualmente en la calle» (imagen inferior, Robert Prevost, en segundo término, ante el obispo, en la Misa de canonización de Orozco; y Joaquín Martín Abad, el sexto por la derecha, en primer término).

El cuadro más grande de san Alonso de Orozco
Precisamente con ocasión de la canonización de Alonso de Orozco, en la Misa de acción de gracias de la catedral de aquel 198 de septiembre de 2002, se bendijo un cuadro del santo agustino. Y allí estuvo también el Papa.
Martín Abad recuerda que, para ayudar a sufragar los gastos de finalización de las obras de la catedral, desde la fundación que se había creado con ese propósito —a cuyo frente estaba el entonces arzobispo de Madrid, cardenal Ángel Suquía, y el déan, Antonio Astilleros— pusieron a la venta capillas y paredes que ofrecieron a congregaciones religiosas.

Los agustinos adquirieron la pared que hay junto a la sacristía de los canónigos. Allí se instaló, en septiembre de 2002, el cuadro que encargaron al efecto, una obra del pintor Agustín Alegre. Martín Abad era entonces Vicario episcopal para la Vida Consagrada, «y fuimos a Teruel», que era donde vivía el artista, a encargar la obra.
«Este es el cuadro más grande que se ha hecho del santo», indica el canónigo, que recuerda cómo el pintor se empapó de la vida del santo antes de plasmarlo en el lienzo. La escena recoge el encuentro de la señora Pimentel con Alonso para entregarle vestiduras para un pequeño que estaba desnudo. En el cuadro, el pintor incluyó rostros familiares: «El niño es su nieto, el Cristo es su hijo, la Virgen es su hija…» (imagen inferior, uno de los bocetos de la obra).

Con el tiempo, los agustinos pidieron trasladar el cuadro a su emplazamiento actual, más visible. Así, se colocó en la segunda pared derecha entrando a la catedral por la puerta de Bailén. «León XIV lo verá desde el altar mayor», se congratula el canónigo.

